HAY SEÑALES de que el conflicto de Irak ha entrado en su fase final. El pasado miércoles, La Voz de Galicia publicaba que el Gobierno iraquí había aprobado una controvertida ley del petróleo que otorga derechos de extracción y tratamiento del petróleo en 60 pozos a compañías internacionales, durante largo tiempo (se calcula unos 40 años). Irak se reserva así unos veinte pozos para su propia explotación nacional, todo ello con la oposición de los grupos suníes y los sindicatos del petróleo. Un artículo publicado por el Herald Tribune (14-03-07), titulado ¿De quién es el petróleo?, ya trataba el tema del control de los recursos petrolíferos que unas naciones resuelven, nacionalizando las explotaciones, mientras que otras entregan los derechos de extracción a compañías internacionales, a cambio de unos beneficios directos para la economía nacional. Esa es la decisión que ha tomado el Gobierno de Maliki, ante la disyuntiva de seguir con una economía destrozada o comprometer la modernización de las infraestructuras con las compañías internacionales, norteamericanas y británicas. Pero no cabe duda que esta postura supone quedarse en dependencia del exterior durante largo tiempo y aceptar que sólo una parte de los beneficios del petróleo reviertan en la economía de Irak. Esta situación viene a confirmar la propuesta que en marzo del 2001 (cinco meses antes del 11-S) hizo el Grupo de Desarrollo de Política Energética del vicepresidente Cheney para que Estados Unidos buscase inversiones en zonas de explotación energética, en el exterior. Según el artículo mencionado del periódico norteamericano, esto es lo que al final estaba detrás de la invasión de Irak. A poco que se observen los movimientos estratégicos que están sucediendo en el mundo, las naciones industrializadas se preparan para afrontar la gran crisis de energía que avanza inexorablemente sobre la humanidad, en tres o cuatro décadas. El incremento de precios, la unión de compañías y las tomas de posiciones políticas en los distintos países, son los signos inequívocos de que la crisis de la energía se la toman muy en serio. La cuestión del petróleo de Irak lo demuestra.