QUE YO recuerde, algo parecido a eso que llamamos Educación para la Ciudadanía ya lo disfrutamos en 1967 los estudiantes de Ciencias Económicas en Santiago de Compostela. El osado profesor se llamaba José Antonio González Casanova. Un catedrático de Derecho Constitucional que ayudaba a pensar y a entender los procesos sociales. Un profesor que acaba de escribir lo siguiente: «La asignatura Educación para la Ciudadanía pretende evitar que los efectos negativos de una secular ausencia de cultura democrática en España se sigan perpetuando. La crispación como estrategia en la lucha por el poder es un tipo de violencia heredada de siglo y medio de guerras civiles y hunde sus raíces en ocho siglos de guerras de religión contra musulmanes y judíos patrios, turcos y protestantes europeos, con todo el fanatismo, intolerancia y afán exterminador que marcaron el inconsciente colectivo de un gran sector del país. Nuestro régimen anterior fue una larga dictadura represora, nacida de una guerra de exterminio de los demócratas, que educó a dos generaciones en un 'espíritu nacional', sectario y dogmático, basado en rancios tópicos antiliberales y antidemocráticos y plagado de mentiras históricas. La nula educación es fruto de esta vieja mentalidad intolerante y de una supina ignorancia de la verdadera historia española...». «Esta asignatura pone las bases para un comportamiento cívico, democrático, responsable y participativo. Promueve el respeto y la ampliación de todos los derechos humanos y de toda minoría social; presenta el diálogo como única solución de los conflictos, la igualdad de géneros, la solidaridad sin fronteras, la paz en la justicia; combate la xenofobia y el racismo; describe y ensalza la pluralidad política sin autoritarismos, así como la nacional, cultural y lingüística de los españoles; la laicidad del Estado y el valor de la religión, las reglas éticas entre partidos, el análisis científico de las ideologías y los deberes ecológicos; todo sin sectarismo ni dogmas doctrinales impuestos a los alumnos. Por eso es calumnia interesada alegar, como alega la jerarquía eclesiástica, que se trata de un totalitarismo moral contrario a la fe cristiana, al que incita a rebelarse por objeción de conciencia. Quien no dudó en bendecir el nacionalcatolicismo del catón franquista obligatorio, protesta ahora por que se forme a la juventud en la tolerancia respetuosa...». Y termina: «Mientras cobra sus frutos futuros la nueva asignatura, al haber formado a los jóvenes en los ideales por los que siempre lucharon los demócratas de esta desventurada patria, hagamos lo posible para educar a nuestros conciudadanos con la palabra y, sobre todo, con el ejemplo». Gracias de nuevo, profesor, por su coraje y lucidez.