¡Preparados para inmersión!

OPINIÓN

Al fin lo han conseguido: la filosofía que, mal que bien, había sostenido la armonía lingüística en Galicia ha saltado por los aires. Sólo hay que leer con atención el decreto por el que se regula el uso y la promoción del gallego en el sistema educativo para constatar que el BNG y su flotilla submarina para la normalización lingüística pueden dar la orden que llevaban escrita desde hace mucho en su cuaderno de bitácora: ¡comienza la inmersión! Porque -¡no lo duden!- la inmersión lingüística he empezado y ya nadie tendrá la sensatez o la valentía de pararla. El Consello Consultivo lo ha intentado, señalando las ilegalidades del decreto, pero no están en la Xunta para ese tipo de monsergas. ¡Ni siquiera quienes han empezado a hablar gallego (o lo que sea) al llegar a conselleiros! La norma viola con toda claridad el principio constitucional de la cooficialidad lingüística, al sentar dos pilares destinados a favorecer al gallego en detrimento del castellano, que es lo que hablan, en realidad, la mayoría de los estudiantes destinatarios del decreto. El primer pilar se resume en que el gallego será desde ahora la lengua obligatoria, como mínimo, del 50% de las enseñanzas a impartir. Pero no de cualquiera de ellas, sino de las fundamentales. Así, en la secundaria obligatoria, mientras se explicarán en gallego las ciencias naturales, la física, la geología, la biología, la química, las matemáticas, las ciencias sociales, la geografía e historia y la educación para la ciudadanía, se darán (eventualmente) en castellano la educación física, la plástica, la música, la religión o su alternativa, la tecnología y la cultura clásica. ¿Se imaginan los alaridos de los normalizadores si el reparto fuera del revés? Un segundo pilar completa la filosofía del primero: el 50% de enseñanzas en gallego es el mínimo legal, que los centros podrán ampliar hasta el total de las enseñanzas a impartir (con la excepción de las lingüísticas). Ahí comenzará de inmediato la próxima batalla, cuyos términos resultan previsibles: todo el que se oponga a la extensión del gallego será un enemigo del país. ¿Y el país? Pues el país, ahora con Touriño, como antes con Fraga: dispuesto a aguantar lo que le echen. Desde el próximo curso habrá en Galicia cientos de miles de niños obligados a estudiar ¡y hablar en clase! en una lengua extraña. Quizá acaben conociéndola. Cosa distinta es si la utilizarán de un modo voluntario, como lo hacemos todos los que la sentimos como propia. Pues ¿puede el cariño a una lengua nacer de la imposición? Ese es el asunto al que ni este ni ningún decreto dará nunca solución.