El bono-ladrillo

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

BRINDO una idea avanzada, incluso revolucionaria, para resolver el problema de la especulación urbanística; lo que comúnmente se denomina el problema del ladrillo. Nada mejor que hacerlo ahora mismo, con las nuevas corporaciones municipales recién constituidas. En la campaña electoral, y en los acuerdos del bipartito que gobierna la Xunta, se ha defendido un modelo de reserva de suelo de carácter casi masivo, cerca del 40% del nuevo espacio urbanizable, para viviendas de protección oficial y diversas modalidades de la supuesta vivienda social. La propuesta es irrealista, y lo peor de todo, desconocedora del frenazo en el sector de la construcción. Tampoco incorpora el estancamiento de la población gallega, cuyos datos acaba de hacerse públicos. Con la oferta en retroceso y la demanda ralentizada, ¿cómo hacer para atender las bolsas de necesidad residencial mal cubiertas? Muy sencillo, provéase de capacidad de compra a los verdaderamente necesitados, que ahora hay mucho piso vacío -un peligro de recesión económica y descontento electoral- y un gran stock de oferta por colocar y ocupar. Si en lugar de gasto público directo por parte de las Administraciones se les dan bonos-ladrillo a los necesitados para ayudar a la compra de las viviendas ya existentes, se subsanarían múltiples problemas de una sola tacada. Y además se respetaría la libertad de elección de los necesitados para elegir emplazamiento, evitando así que se encierren en guetos sociales de los económicamente débiles. Igual prefieren vivienda usada en ubicaciones no periféricas; o casas y pisos para rehabilitar, o cualquier otra solución habitacional realmente inteligente. Los bonos-ladrillo se podrían diferenciar en tres clases: para muy necesitados, necesitados y medianamente necesitados. Hay que recordar que cada vez hay menos pobres de solemnidad; quien más, quien menos, sólo necesita un empujoncito, no un apoyo integral. Por otra parte, los viejos van muriendo y los jóvenes-maduros heredando; la estructura de edades de la población -el acusado envejecimiento- resolvería por sí solo el problema; pero aún tardaría unos años. Tampoco hay que invertir tanto para acabar con el problema. Y si no se quiere o no hay fondos para todos los bonos de compra deseables, instruméntense bonos-ladrillo para el alquiler. Pero lo esencial es dejar que el beneficiado elija libremente, que no lo ubiquen en áreas de potencial segregacionismos sociocultural. Hay que ser modernos y aplicar soluciones avanzadas. Aplíquese primero el bono con opción de aplicación libre a la vivienda; luego vendrá la escuela. Finalmente la sanidad y las pensiones. A todo se llegará; lo saben los que están al loro de las innovaciones en marcha por el mundo adelante. Es mera cuestión de tiempo. Mejor anticiparnos.