Bipolares

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

13 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

ESPAÑA es un país bipolar, de sol y sombra, de altos y bajos. Tiene muchos trastornos bipolares. En política, Zapatero y Rajoy, por ejemplo. No voy a decir quién de los dos es la fase maníaca y quién la depresiva. Pero el trastorno bipolar más español es el enfrentamiento entre el Madrid y el Barça, una batalla como de católicos y protestantes con un balón por medio, la lucha de las dos Españas. La Liga está de infarto, con los dos grandes a palos. El campeonato se ha puesto inmaculado, de chotis y horchata, tras dos remontadas en el Bernabéu que sólo se dan cuando las cosas están sí o sí para ti. Capello, que vino a Madrid por el jamón, puede ser campeón a pesar del fútbol rocoso, de falange romana, que pinta en el mármol el italiano. Si se llevan el título, ya no se dirá que el vestuario del Madrid es un spa, donde Guti y Beckham se hacen las uñas, en vez del lugar donde se cambia un equipo de fútbol. El Barça está de diván. En la Copa los de Schuster les destrozaron con jeta y fe. Fue una vergüenza cómo gritó la pancarta del Nou Camp. Los de Rijkaard han pasado de tener un ataque de pánico a sufrir ellos el pánico. Ahora asustan tanto como once gallos de porcelana en una estantería. Ronaldinho ya sólo está para las natillas, como en el Mundial. Hace tiempo que se quedó varado en la foto de la chilena del revés. De estrella a estrellado. Y Eto'o, perdido en la selva de defensas, toca más madera que alguien que pasea con bastón de palo. Faltan cuatro finales, con el Sevilla, de fantasía, enganchado con los caballos de la feria, a lo que caiga (Liga, Copa o bicampeón de la UEFA). Que el destino reparta suerte, goles y puntos. Nervión aparte, sólo una España gozará: merengue o culé. Como pasa en elecciones. Unos a reír, y los otros, a llorar. Es lo que tiene la emoción de dejarlo todo para el final. cesar.casal@lavoz.es