¡A LA Fiscalía Anticorrupción! Es el grito de guerra del Partido Popular. Don Eduardo Zaplana, portavoz parlamentario, presentó ayer un escrito a esa Fiscalía en busca de tres piezas de altura: don Carlos Arenillas, vicepresidente de la CNMV, y los dos jefes de la Oficina Económica del presidente: Miguel Sebastián y David Taguas. ¿Qué se pretende con esa acción? Que el fiscal inicie una investigación en busca de varios delitos. «Pueden haber cometido hasta catorce, según la tipificación del Código Penal; el fiscal tiene donde elegir», comentaba ayer un diputado del PP. «Los más claros -añadía- son los de cohecho y tráfico de influencias». Casi nada. Esto se llama ir a degüello. Personalmente, no creo que la Fiscalía termine por acusar a tan ilustres miembros de lo que podríamos llamar el «entorno Zapatero». Esa Fiscalía no se ha distinguido hasta ahora por indagar en las zonas más conflictivas del Gobierno ni del partido gobernante. Quizá le resulte muy fácil decir que los indicios mostrados por Conthe no inspiran en modo alguno un expediente de investigación y, menos todavía, de exigencia de responsabilidades penales. Por tanto, lo único que conseguirá el PP, de momento, es una importante resonancia mediática y, quizá, meterles el miedo en el cuerpo a todos los denunciados, menos a uno: don Miguel Sebastián, que, al menos, conseguirá salir en los periódicos para dejar de ser el iguel Qué, candidato socialista a la Alcaldía de Madrid. Pero el PP hace bien en iniciar esa vía, que seguramente será seguida por una querella contra las mismas personas. Hace bien, porque la alternativa política -una comisión de investigación parlamentaria- era inviable. El PSOE no la podía permitir, porque el primer llamado sería Zapatero, a quien preguntarían si habló de Endesa con Prodi. Además, sería dañina para el país por su lentitud: el descrédito de la CNMV se amplificaría ante el interior y el exterior durante varios meses con el resultado decepcionante que han tenido siempre estas comisiones. En cambio, acudir a la Fiscalía Anticorrupción es una acción rápida. Obliga a este órgano a pronunciarse sobre algo muy sensible. Y se supone que, aunque responda de forma negativa para los intereses del PP, por lo menos tendrá que examinar los supuestos denunciados, que son los indicios de cohecho en el señor Arenillas y los de tráfico de influencias en los señores Sebastián y Taguas. Si el presidente Zapatero tiene la conciencia tranquila, le debe decir al fiscal que inicie la investigación que le piden. Es la única forma de salir airoso de este nuevo lío en que está metido. Pero, claro, para hacer esa petición hay que tener la conciencia muy tranquila. Y el alma, transparente.