ZP PRESENTÓ esta semana su primer informe económico anual en el gran salón de la Bolsa de Madrid ante la élite del dinero. Ha evitado, en palabras textuales, triunfalismo y autocomplacencia, pero su conclusión es clara: el 2006 ha sido el mejor año económico de la historia democrática y ya somos la quinta potencia económica de Europa. Hemos creado el 36% de los empleos de la Unión y alcanzado la tasa de inversión más elevada de la zona euro. Sus asesores no han querido hacer uso de otro dato sobre la marcha triunfal de nuestra economía no menos espectacular: somos el país de la eurozona en el que circulan más billetes de 500 euros (casi el 27% del total europeo), con una tasa del doble (por habitante, por producto) de la media europea y creciendo anualmente a tasas superiores al veinte por ciento. Lo que revela una parte de nuestra economía -oculta, sumergida- que, al rebufo de esta quinta potencia emergente, sí debe sentirse triunfal y muy autocomplaciente. Porque los invisibles billetes morados (que ya acumulan entre nosotros 56.000 millones de euros, es decir, más que el fondo de reserva de la Seguridad Social) nos hablan de más producción que la oficial y de la particular forma de colocar los ahorros opacos de muchos Tíos Gilitos. Si ZP los incluyera en su informe, no sólo podría decir que nuestra tasa de ahorro fue similar a la europea (con los datos oficiales), sino muy superior. El bum de los billetes morados, como bien puede imaginar el lector, va paralelo al de la economía sumergida, oculta, negra o en la sombra. También en esto otros informes disponibles nos sitúan muy por encima de países como Francia, Alemania, Reino Unido en actividades como: alquiler de viviendas y locales, construcción residencial, acabado de edificios, sanidad privada, comercio al por menor, ventas de bienes ilícitos, trabajo clandestino... Los procedimientos también son ya rutina: pagos en efectivo, facturas falsas, compras de facturas, creación de sociedades sin actividad, etcétera. En todo esto somos campeones europeos. Entiendo que ZP en su informe, al no usar este potencial argumento triunfal, no haya citado ni una sola vez el problema de la vivienda; problema asociado al bum del ladrillo y a la corrupción urbanística de la que sí le oímos hablar fuera del salón de la Bolsa. También es fácil comprender que aunque se autoexige identificar nuevos retos y tener una actitud muy vigilante¿ no se haya referido para nada al fraude fiscal campante en los ahorrillos de todos los Tíos Gilitos. Posdata. Un viejo amigo sugiere como solución: «Los billetes debían ser como las patatas¿ Al final del año los que no se gastasen debían pudrirse». Ya que no el presidente del Gobierno, los directores del Banco de España y del Europeo podrían sorprendernos un buen día con una caducidad repentina de los billetes morados (eso sí, permutables por nuevos, previa confesión con Hacienda).