La situación vasca

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

IMAZ, presidente del PNV dice que nunca ETA estuvo tan débil, pero nunca tuvo tal capacidad para provocar un grave conflicto entre los demócratas con su traslado a la sociedad Tiene razón. ETA está acosada por la comunidad internacional. Su metodología, rechazada por la inmensa mayoría de la sociedad, incluida la nacionalista radical que sigue los discursos de Otegi y desea un proceso de paz definitivo. La sociedad vasca se ha instalado en la ausencia de atentados y no soporta las bravuconerías de quienes siguen defendiendo la lucha armada para liberar a Euskal Herria. Han constatado que la liberación está en la desaparición de ETA y sus dicterios. Los partidos se disponen a emprender la campaña municipal y foral. Disponer del poder en las diputaciones se convierte en el máximo objetivo. No olvidemos que las competencias se reparten entre gobierno común y forales. Al PP vasco apenas le han dejado, desde Madrid, capacidad de pacto y se quedará fuera de las instituciones alavesas, Ayuntamiento de Vitoria y Diputación de Álava. La precampaña les dedica este fin de semana un acto de reconocimiento, reparación y justicia a las víctimas del terrorismo. Anuncian una intervención con palabras «no pronunciadas». ¿Quizá algún dirigente conocido de la izquierda aberzale se atreva a pedir perdón? Sería el ingrediente público que posibilitara la presencia de siglas para el voto nacionalista más radical. ¿Qué hará ETA? Parece que estaba reuniendo información para atentados. Sabe que matar es fácil y sus consecuencias: dolor, odio y más confrontación sociopolítica. Pero, además, obligará a perseguir a los líderes de Batasuna, lo que les impediría seguir siendo el referente del posibilismo hacia un alto el fuego definitivo que diera lugar a un escenario sin la presencia de los pistoleros. Algo que a Txeroki le dejaría fuera del juego del diseño para el país. Este sigue siendo el núcleo del problema. La cultura de los demócratas tiene un diseño de país y unos conceptos de paz, democracia y convivencia. La cultura de los radicales sigue instalada en una burbuja de mito, derechos histéricos y exigencias utópicas. Mientras España se debate entre candidatos, nuevos y viejos, a las alcaldías, o se escandaliza con la calculada persecución de los delitos urbanísticos, en Euskadi vivimos pendientes de si la izquierda aberzale estará presente en las listas a votar.