Más madera

OPINIÓN

15 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EVITAR que el monte arda es la obligación más inmediata. Vigilar con todos los medios posibles es una obligación ineludible. Pero todas las medidas policiales servirán de poco mientras gran parte del monte siga abandonado, produzca mucho menos de lo que podría y el 80% de la materia prima que de él se obtiene se transforme fuera. La endemia de los incendios no sólo amenaza nuestro futuro, sino que pone en evidencia nuestra incapacidad para aprovechar un recurso, el de la explotación de la madera y sus derivados, que supone el 40% de las exportaciones mundiales. Hay que vigilar a los incendiarios. Pero, sobre todo, hay que conseguir que el monte sea rentable. Para ello, hay que favorecer la transmisión de la propiedad, hoy en demasiados casos en manos desconocidas o de personas que viven ya de sus pensiones de jubilación, fortalecer una red empresarial excesivamente minifundista y apoyar a quienes están haciendo crecer el ritmo de transformación para acercarnos a las aún lejanísimas cifras de los países del norte de Europa.