ESCRIBO estas líneas cualquier noche, no importa cuál. Las escribo con rabia, medio triste y medio peor. He visto la tele, y las risas, y he visto al anterior jefe de la policía, y a humoristas con gracejo burdo en los labios, y las dos Españas de siempre. Todo es una risa, tan macabra como este presente. Y a mí, que soy un ciudadano común, se me ha ido la cabeza a las doscientas víctimas del 11-M y, también, a las familias de las víctimas. Por eso pego una patada en cada tecla por no pegarme una patada en el alma. Han convertido la muerte en un suceso electoral, o humorístico, que aún resulta peor. Los unos y los otros. Los unos buscando conexiones con la maldita ETA y los otros mofándose de la política épica de Acebes y su santa compañía. Unos procurando mochilas, e informantes, y orquestas Mondragón... y los otros consintiendo o alentando programas televisivos de cadenas próximas que hacen gracias con el juicio (hay cosas en las que el humor, tan necesario, es un insulto). Me pregunto qué hacemos los ciudadanos con nuestros votos. Me pregunto qué hago escribiendo esta mala uva que me sale, sin saberlo, sin quererlo. Juegan con la muerte, con la tristeza última, con el dolor permanente. Juegan porque quieren ganar votos, y elecciones, y quieren gobernarnos con sus leyes y decretos para que todo siga igual. Me he convertido en un escéptico irrecuperable y eso es lo que me duele. Lo menos, lo trivial, es dejarse ir en esta España que huele a podrido como la Dinamarca de Shakespeare. Un escéptico que ya no cree en casi nada. Ni siquiera en la risa. Éstos, que he mirado ahora (cualquier noche, no importa cuál), riéndose con Díaz de Mera y su comparecencia con carta posterior. Los otros, los épicos de Acebes, procurando una verdad que ellos han sido los primeros en ocultar. ¿Cree usted, ciudadano, que hay algo que merezca la pena en la política? ¿Cree usted que aún tienen que fregarnos en la cara el dolor del 11-M? Claro que por aquí, en la Galicia profunda, las cosas no nos mejoran. Crecen los censos por arte de magia, por arte de urna, quiero decir. País. Incluso la alcaldesa de Porqueira, que antes era del Pesoe y ahora del Pepé, declara: «Es algo normal antes de las elecciones». Qué digna representante de un pueblo. He dejado de creer y me lastima, maldita sea. Y tengo vergüenza de ser. Te lo digo a ti, humano. A ti, que no eres como ellos.