Señalar

La Voz

OPINIÓN

LUÍS VENTOSO

22 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL CONSEJO de administración deportivista, al que conviene distinguir del Deportivo, que es un sentimiento centenario y con otros valores, sólo instala una urna en sus asambleas. Quienes dan por buena la gestión alzan la mano en sus sillas. Pero los accionistas que se oponen tienen que levantarse, cruzar la sala ante la mirada general y depositar su «no» en una única urna, colocada bajo la tarima del presidente. En la última asamblea, el jefe de seguridad del club se situó al lado de donde votan los disidentes. Seguro que no se trataba de intimidarlos. Eran sólo las lógicas medidas de seguridad para que nadie robase la urna. Tras sus éxitos económicos en el fútbol, el club ha probado otros negocios. Uno de ellos es la prensa. A través de una revista y de un diario, que goza del raro privilegio de tener su sede en los bajos municipales de Riazor, se insulta y se amenaza a quienes no están de acuerdo con la labor del presidente. En un tono de libelo inédito en Galicia, llaman «mentirosos» a periodistas y opositores por sus nombres y apellidos, o «cerdos», o se les compara con sicarios de ETA. Aunque el diario tiene venta residual, señala objetivos y puede dar ideas a algún ultra violento. Hace un par de meses, Lendoiro amenazó en público a un periodista de La Voz: «Algún día lo pagarás». Miércoles: Taborda, un ariete de poca calidad por el que el Deportivo pagó casi 500 millones de pesetas, golpea a un periodista que criticó su rendimiento en un artículo. El consejo de administración aún no ha condenado la agresión. Taborda es un adulto autónomo. No se puede culpar a nadie de su violencia. Pero es cierto que la directiva y sus libelos han fomentado un ambiente de respuesta virulenta contra la crítica más respetuosa. Esa práctica totalitaria tiene en política un nombre viejo y conocido. Lo llaman... Sí. Eso.