Empezó la primavera, pero lejos

OPINIÓN

SI USTED lo piensa, como yo lo pienso, pediría una excedencia como ciudadano. Y no es que vayan mal las cosas, que las cosas marchan siempre viento en popa (a decir de los que gobiernan): Galicia va bien. Y no es que no tengamos suficiente, porque nos sobra: excepto a los miles de pobres que malviven a nuestro lado. No es que la democracia esté flaca, qué va, se la ve rolliza y respingona: Del Burgo, del Pepé, dice que el Pepé se equivocó con la cosa de Irak. Y no pasa nada. Debía tomar ejemplo el Pesoe y permitir la disidencia en el entorno del partido. Porque uno no se cree que lo que antes estaba mal ahora esté bien (la Cidade da Cultura, claro) y que todos callen y apoyen ese solemne despilfarro. Incluso les pediríamos, en aras de la democracia, una cierta disidencia a los intelectuales orgánicos: los que optan por el vergonzoso laude a Gaiás y aquellos, tan comprometidos, que con su silencio vociferante dan pábulo a esta obra ignominiosa. Si usted lo piensa, como yo lo pienso, pediría una excedencia como ciudadano. Porque llevo años y años escuchando en mítines diversos de los que nos gobiernan que ya va siendo hora, hora de que nos paguen un poco los que se lucran con lo nuestro: hidroeléctricas y eléctricas, eólicas, minas y demás concesiones o cesiones (o circuncisiones). Que nosotros ponemos los recursos y ellos ponen el beneficio, o sea. Quiero decir que me agrada que empecemos a gozar con algo de lo que nos dejen esos a los que les dejamos los ríos, el mar, el monte, el agua. Y podía seguir pero no quiero. Porque pienso. Y si usted lo piensa, como yo, pediría una excedencia como ciudadano. No votar, no pagar deudas, no ingresar religiosamente en Hacienda los dividendos que Hacienda demanda. Porque uno se cabrea. Con las cosas que nos pasan, señores. En Galicia no se sabe quién manda ni quién es el mandado: ¿Manda Magdalena y su Fomento, Touriño, Quintana, o Villar Mir? Porque los que más mandan, convénzanse, son los que tienen la pasta. Y los que tienen la pasta, la mayoría, no la reinvierten en el lugar que debieran. Estamos hartos de que nos duela el alma, aunque lo que más nos duele (lo dicen las encuestas) es la espalda. No me extraña, de tanto cargar con lo que cargamos, por ejemplo: los «agentes a sueldo» que captan voto exterior. Que el PSOE admita que esto es cierto me pone la carne de gallina. Que no dimita nadie, me encrespa. Y que el presidente haga lo mismo que hacía Fraga (buscar votos en viaje institucional) me avergüenza. Por tal motivo quiero pedir mi excedencia como ciudadano. Porque Galicia está hasta el gorro de sufrir dolor de espalda. Dicen que ha empezado la primavera: lejos, imagino. Aquí estamos en invierno. Todavía.