Ahmadineyad, imitando a Jomeini

OPINIÓN

SEGÚN la página de Internet de Global Security, una organización dedicada al estudio de la inteligencia internacional, existen más de cincuenta grupos opositores iraníes en el exilio. Aunque se puede destacar al partido Tudeh, al Partido Comunista, o a los moyahedin, entre otros, es el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (CNRI), una organización con 540 miembros, la que aglutina de forma más seria y coordinada al mayor número de opositores al régimen teocrático surgido tras la revolución de 1979. Ha sido precisamente esta organización ubicada en Francia y por boca de su presidente, Masoud Radjavi, la que ha denunciado que el Gobierno de Teherán, temiendo las sanciones internacionales derivadas de la resolución 1.737 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha optado por cambiar la denominación y trasladar la sede de muchas de las empresas vinculadas al desarrollo nuclear iraní. En su huida hacia delante, Mahmud Ahmadineyad, el hombre que obtuvo el apoyo de 17 millones de votos a sus promesas de bajar la inflación, subir los salarios y reducir el desempleo, sigue con sus discursos incendiarios contra Estados Unidos y sus aliados y, lo que es más grave, continúa con sus movimientos de provocación, como si nada de más trascendencia que el desarrollo nuclear sucediera en el interior del país. Sin embargo, en el patio trasero, las llamas del descontento y las críticas comienzan a oler a chamusquina para el presidente, que ya sufrió una gravísima derrota electoral en los comicios municipales de diciembre. Ahmadineyad no ha conseguido mejorar en nada las condiciones de vida de los iraníes. Le critican por ello tanto tradicionalistas como reformistas y, sobre todo, por la utilización de los recursos económicos obtenidos por el petróleo para fines no sociales y la reducción de los fondos del país, tal y como corrobora el último anuncio de la agencia estatal iraní IRNA sobre la inversión de 1.300 millones de dólares para la creación de nuevas plantas nucleares. El recuerdo a Jomeini impregna cada movimiento de Ahmadineyad. Si aquél tuvo suerte, impuso su voluntad y resultó catastrófico, esta mala copia, dada la situación internacional, tiene todos los visos de resultar, si es posible, aún peor.