Lágrimas de princesa

OPINIÓN

«RECORDAD que es humana». Así titulé esta crónica el día 4 de noviembre del 2003. Se había anunciado la relación de Letizia Ortiz, una periodista de televisión, con el Príncipe de Asturias. Me daba vértigo la cantidad de lisonjas, elogios, piropos y vulgares pelotilleos que se dirigían a su persona. Sólo faltaba, escribía entonces, elevarla a los altares. Ayer lo hemos podido comprobar: es humana. Hemos visto sus lágrimas. Hemos visto su rostro de pena inmensa. Hemos oído su voz, testimonio de impotencia física, que agradecía el afecto. Hemos oído al príncipe, casi traductor de sus palabras. Hemos podido adivinar a una princesa con el alma rota. La princesa de luto. La princesa que recibe este golpe cuando le faltan tres meses para su nueva maternidad. La princesa que se pregunta qué ha pasado, y se tiene que tragar la duda y la necesidad de confesar sus sentimientos. La princesa humana. En el tanatorio se habían apostado las cámaras. «Temprano levantó la muerte el velo», dice el verso de Miguel Hernández. Hoy quizá diría: temprano levantó la muerte esas cámaras. Madrugaron a coger la primera fila. Están apostadas, algunas como armas en puesto de cacería, que no escape ninguna pieza. Algunas redacciones agudizan el ingenio para ver cómo llenan horas de televisión de consumo para un público que espera hambriento su ración de drama. La consigna es hablar mucho, programas largos, aguantar la antena, que hay sed de sangre y de misterio. Los datos de audiencia se pregonan, incluso desde las televisiones públicas, para demostrar quién ha vendido mejor sus cocinados platos de morbo. Los rumores se agolpan en torno al féretro, como en una puja a ver quién compra, a ver quién cae. En los corros se cuenta que se han hecho ofertas de dinero por una foto clandestina, por un detalle del informe del forense¿ «Cada mañana voy al mercado donde venden las mentiras», decía Bertolt Brecht. Ahora en ese mercado se subastan suposiciones e intimidades. La ética por una décima de share . La prudencia hay que pedirla como una limosna. El respeto es una migaja que puede caer o no de la mesa de los nuevos poderosos. La muerte es una mercancía de éxito en el tenderete de la feria. Algunos estudios de televisión son como salas de autopsia donde se analizan restos y antecedentes. El dolor de una familia ¿qué será? Donde no llegan las cámaras, una niña de seis años ha perdido a su madre y quizá nunca sepa por qué. Una princesa llora a su hermana pequeña, como llora la gente del pueblo ante una muerte tan próxima. Y una criatura no nacida, de seis meses de gestación, recibe impulsos de tristeza y de tragedia. Pero todo eso, ¿qué es? ¿Qué es, ante un punto de audiencia conquistada?