NOS HAN protegido del tabaco, a los que no fumamos, y han enviado a fumar a la calle a los que fuman. Nos protegen con el cinturón de seguridad para que no nos rompamos los dientes (y originemos gastos al Estado), pero se olvidaron durante años de arreglar las carreteras gallegas, donde muere más gente que en el resto de España; el pasado fin de semana, también. Nos aleccionan con datos macroeconómicos que nos encantan y, sin embargo, no nos dejan hacer más barcos ni producir más leche. Nos han enseñado que las hamburguesas están llenas de colesterol y la ministra, que es muy sencilla, se ha sentado a desayunar sanamente con los niños de Lugo. Después nos dicen que las tallas grandes hay que popularizarlas, pero el modelo que venden es el de las tallas pequeñas: el delgado siempre está mejor visto. Ahora nos protegerán también del alcohol, y del vino, aunque los que viven del vino se partan la cara y se hundan. El vino no lo consideran un asunto cultural, porque la única cultura es la cultura zafia que nos endiñan desde el televisor. De él nadie nos protege. Nadie. El televisor público del Mira quién baila , que vende estupidez gratis desde el mando a distancia. Los que bailan divinamente en la tele no beben alcohol, porque el vino es cosa de provincianos. Los provincianos ya no salen en el televisor del que nadie nos protege. Salen, mayoritariamente, los delincuentes y los botarates. Salen también algunos políticos. Los que nos protegen de nosotros mismos. Somos, convénzanse, tipos peligrosos. Fumamos, no nos ponemos el cinturón, hacemos demasiados barcos, comemos mucho y mal, bebemos. Tipos peligrosos, reitero. Uno consiente todo lo que sucede porque uno es un resignado. Hasta hoy. Todo le he consentido a este Gobierno tan correcto porque cada vez que pienso en Aznar, lo juro, tiemblo (de vergüenza, no de miedo). Y tiemblo cuando se manifiestan como el pasado sábado, cuando ridiculizan al presidente del Gobierno (que es, a su pesar, el presidente de todos los españoles). Cuando hablan Alcaraz y Acebes. Cuando esta España mira al pasado, con himno nacional incluido, y no al futuro. Pero al Gobierno ya no le perdono tanta cosa ligera, tanta levedad, tanto hipercorreccionismo político: que ya toca las narices. Que no se pueda publicitar el vino es una solemne estupidez, no lo calificaré de otro modo. El vino se estudia en las universidades francesas, donde han hecho de «lo suyo» una prioridad. Los niños lo estudian en las escuelas y con su estudio aprenden a amar la tierra, el olor de la tierra, su valor. Después aprenden a beber vino. Igual que aprenden los alemanes a beber cerveza, y a amarla. Como los escoceses aman y cuidan su whisky, con el alma. Aquí, que somos tierra de vinos, los acabaremos prohibiendo: como nos han prohibido los barcos y la leche en Galicia. Porque el vino es cosa de provincianos. Y España quiere ser la España del Mira quién baila : hortera, vulgar, acultural, mema... pero muy correcta. La incorrección no tiene quien le escriba. Por eso te escribo yo. Cabreado, sinceramente.