Perplejidad e inepcia

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

02 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY PAÍSES que sorprenden por la perplejidad que estimulan sus Gobiernos y la inepcia con que gestiona esa sorpresa la oposición. Uno de esos países es España, donde ni la política es, hoy por hoy, transparente, ni cristalina la intención de su gobernantes, expertos como pocos en el arte de crearse amigos y mantener contentos a sus aliados. Nuestros socios de la OTAN se reunirán en Sevilla los días 8 y 9, y lo iban a hacer con la idea de que el Cuartel General Desplegable de Alta Disponibilidad de Valencia aportara a Kabul (Afganistán) los 150 militares que constituyen el núcleo de su Estado Mayor. Eso, al menos, es lo que esperaban los ministros de Defensa de los países aliados del Atlántico norte, e incluso el propio ministro de Defensa español, especialista en la contemplación de las sinergias de sus propios hemisferios cerebrales, que un día le impiden ver la ilegalidad de ciertas manifestaciones, otro día llevan a su ministerio a dejar por mentiroso a su conmilitón Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura, y, de repente, le colocan en la situación de no saber lo que pasa en Valencia, ni lo que va a pasar en Sevilla o en Kabul, ni cómo se le van a poner las peras en el seno de la OTAN. Esto último se lo solucionó Zapatero de un modo tajante, como si todo en la vida fuera ir por ella cortando nudos gordianos. Y lo solucionó mandando parar todo lo que fuesen expediciones militares a Kabul: «El Gobierno no va a aumentar la presencia militar en Afganistán». No dio razones, pero si el ciudadano se pregunta por ellas o por algo relacionado con tanta desasistencia a los que las sociedades y alianzas esperan de los socios y aliados, puede que le baste con recordar lo que dijo Zapatero hace ya años en cuanto a que las alianzas no hay que verlas como el establecimiento de compromisos, sino como medios para satisfacer necesidades y conveniencias. Es un principio que contribuye como pocos a explicar el inmenso respeto en que nos tienen nuestros iguales y la admiración que suscitamos entre aquellos a quienes miramos por encima del hombro. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras porque el ciudadano se sienta perplejo ante estas cosas. El hecho de que se empapele a Ibarretxe por entrevistarse con Batasuna cuando nadie empapeló a Carod-Rovira por verse con ETA también le deja perplejo, y no pasa nada. La única manera de que pasara algo sería que la perplejidad se cambiara en lucidez, transformación que quizá pusiera destreza donde hoy no hay otra cosa que inepcia. Y eso daría mucho trabajo.