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La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

23 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL diccionario de la Real Academia Española no es un diccionario médico. Pero a veces resulta clarísimo. Así define anorexia: falta anormal de ganas de comer, dentro de un cuadro depresivo, por lo general en mujeres adolescentes, y que puede ser muy grave. Tan grave que una cría de 14 años ha muerto en Río con 38 kilos de peso por una parada cardíaca. No hace falta irse a Brasil. En Uruguay, una modelo de 22 años, Luisel, se desvaneció en el desfile y murió cuando era atendida. Llevaba días sin comer. No hace falta irse a Uruguay. En Galicia hay casos tremendos. Los expertos claman contra el daño que hace la publicidad, las tallas mínimas, esta sociedad que multiplica la mentira de que estar delgada es estar estupenda. Los expertos dicen que el entorno tarda en darse cuenta. Hay que estar atentos. Se empieza por huir de los productos con calorías. Se sigue por comer poco. Después, espaciar las comidas. Otro paso, tomar a escondidas laxantes. Más tarde, demasiado tarde, provocarse el vómito. Nunca es suficiente. No se gustan. No se quieren. El 4% se muere. No todo está perdido. Es fundamental ponerse en manos de profesionales. Luchar contra el trastorno. El 75% de las personas se recuperan, según la Federación de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia. Son muchas las que vuelven de ese infierno de odiarse a sí mismas, de verse siempre gordas, incluso cuando sólo son un silbido, cuando están en los huesos, una radiogafía de la chica sana que eran. Ayudarles a asumirlo es empezar a recuperarlas para que se quieran. Las básculas jamás medirán la inteligencia ni la sensibilidad. El ser humano no tiene nada que ver con las arrobas. No somos ganado. Querer a quien ves todas las mañanas en el espejo es fundamental para intentar vivir feliz. cesar.casal@lavoz.es