RECIENTEMENTE, el corresponsal de L'Equipe firmaba en estas mismas páginas un artículo titulado Fútbol e injusticia financiera , donde se refería a los problemas de despilfarro ya crónicos en el fútbol español y sugería una solución a la francesa mediante la creación de una comisión de autocontrol financiero. Esa propuesta parece constructiva, aunque quizás no sea el elemento clave para aliviar la situación del fútbol español. El control financiero de los clubes de Primera va a estar garantizado por la aplicación de los criterios impuestos en el sistema de licencias de la UEFA que ha de ser adaptado por las respectivas federaciones. A partir de la temporada 2008/09, los clubes deberán cumplir toda una serie de estrictos requisitos financieros, pero ya desde ahora han comenzado a trabajar para estar preparados. Además la federación puede extender esos criterios a todos los clubes. Así las cosas, las herramientas para el control están disponibles. El verdadero problema del desequilibrio financiero se origina por la diferencia de potencial generador de recursos existente entre clubes que aspiran a seguir compitiendo dentro de la máxima categoría. Un alto nivel competitivo se logra contando con una buena plantilla y un buen entrenador, pero, lógicamente, esto se traduce en costes. Y estos costes dependen de las condiciones de mercado. En el caso del fútbol, el mercado en cuestión resulta bastante estrecho, al ser pocos los clubes que participan en la compraventa de jugadores. Así, la contratación de un solo jugador puede modificar los precios del mercado, especialmente cuando los clubes que compran son aquéllos de mayor poder adquisitivo. En tal sentido, el año 2006 que acaba de despedirse ha supuesto una pésima noticia para el fútbol español. El Real Madrid ha cedido sus derechos televisivos por unas cifras de vértigo: unos 1.100 millones por siete temporadas. Pues bien, lo negativo de la noticia es que ese dinero, en vez de revertir en el resto de los clubes, ya ha comenzado, sencillamente, a despilfarrarse. Después de la firma de ese acuerdo, el club blanco ha contratado a dos jugadores argentinos (Higuaín y Gago) y a un brasileño (Marcelo), con un desembolso total superior a los 40 millones de euros. Pero, aun más, pocos meses antes ya se habían pagado 26 millones al fútbol francés por Diarra, 15 a Inglaterra por van Nistelrooy y 23 a Italia por Emerson y Cannavaro. En menos de seis meses han salido del fútbol español 105 millones de euros. Este fenómeno supone una consecuencia doble: por un lado, los clubes con alto potencial de ingresos se distancian de los demás; y, por otro, el coste medio de los jugadores se eleva para los clubes que quieren seguir siendo competitivos. Para un club de presupuesto modesto la combinación de tales circunstancias resulta dramática. Con la agravante de que, si no consigue buenos resultados deportivos, sus jugadores se depreciarán cegándoseles su última vía de ingresos. Pero el 2006 al menos también trajo una buena noticia. El Sevilla demostró que los derechos de retransmisión sólo tienen valor cuando los ceden ambos clubes. Aquí puede radicar la verdadera solución: además de exigirse el necesario control financiero, se ha de dotar a los clubes de de mecanismos que les permitan la viabilidad financiera, como pueden ser la negociación conjunta de derechos o el establecimiento de sistemas de compensación junto con la exigencia de que parte del dinero originado por la competición revierta en ella, por ejemplo mediante la compra de jugadores que ya participen en la liga.