El terrorismo y el bando de la ternera

OPINIÓN

ACIERTA la vicepresidenta al afirmar que «nunca ha habido tanta deslealtad en la política antiterrorista». De la Vega no puede errar, pues sabe bien de lo que habla. Ella ha colaborado, como tantos, a atizar esa greña interminable entre las fuerzas democráticas, que amenaza ya con partir España en dos mitades. Los debates previos a las marchas que ayer recorrieron las calles de Madrid y de Bilbao constituyen una muestra casi cómica de ese rampante oportunismo en el que se han instalado unos partidos que han decidido anteponer sus cuentas de resultados electorales a cualquier otra consideración política o moral. Lo de Bilbao fue vergonzoso. El lema inicial de la manifestación («Por la paz y el diálogo») resultaba tan ambiguo que incluso Batasuna se animó a participar en un acto supuestamente convocado contra ETA, pero previsto en realidad para exigir que continuara, pese a las bombas, el diálogo con ella. Ibarretxe quiere ese diálogo, mientras que Imaz cree una locura mantenerlo. El PSE dijo primero que no estaría en Bilbao, luego que sí, pese a no compartir ¡el lema de la marcha!, luego que no si estaba Batasuna y luego otra vez que sí al decidirse expulsar a una fuerza que hace sólo un mes Patxi López consideraba esencial para el futuro del País Vasco. A nadie pareció importarle la presencia del PP, pese a que es allí un componente esencial en la lucha contra ETA. Pero ha sido lo de Madrid lo que ha marcado el no va más. Con los ecos aún vivos del bombazo de Barajas, los partidos y sindicatos se enzarzaron en un arrancamoños bochornoso por si debía o no figurar la palabra libertad en el lema de la marcha. ¿Pero nos hemos vuelto todos locos? No: es el oportunismo que hace estragos. Finalmente, el sentido común ganó la partida y se decidió que no exigir la libertad en un lugar en donde hay cientos de personas escoltadas sería una indecencia que mostraría lo evidente: que se quería dejar fuera al Partido Popular. La decisión de este último de no ir a la marcha tras habérsele dado la razón es la prueba del nueve de la estrategia del PP: la de cuanto peor, mejor. Lo pagarán. Sólo los miles ciudadanos de Madrid -y los de Bilbao que han salido a manifestarse contra ETA y no a favor del dialogo con ella- pusieron ayer las cosas en su sitio. Todos ellos en un bando: el de la lucha contra el terror. Nuestros líderes se han situado, también todos, donde han creído que están sus votos: en el bando de la ternera, según la célebre expresión acuñada en la Revolución americana para describir a aquellos cuya lealtad dependía del lado -inglés o americano- en que les daban de comer.