Servicios de caballeros

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

YA SÉ que no es políticamente correcto mentar la discriminación de los hombres, porque lo que priva es la de las mujeres. No voy a tratar ningún tema capital, como la existencia del Instituto de la Mujer (y no del Hombre) o la inconstitucional discriminación positiva (contradictorio oxímoron donde los haya) de la mujer. Me voy a referir a un tema menor: la existencia de tazas elevadas y alineadas en los servicios de caballeros. No cabe duda de que ese montaje es un atentado contra la intimidad de los varones y un agravio comparativo con las hembras de raza humana que siempre pueden miccionar en la más estricta intimidad. Los varones, orinando de pie y en paralelo, están expuestos a todo tipo de miradas indiscretas. Te puede tocar como vecino el ingeniero hidráulico, quien, de reojo, valorará la presión inicial, el caudal y la velocidad, tratando de comprobar el cumplimiento del teorema de Bernouilli y demás leyes de la hidrodinámica. El compañero también puede ser artillero, que mira si meas por elevación o rasante. Lo peor es cuando te toca un agrimensor, que todo lo mide: con esos centímetros en prono, no llega a los quince en supino; cinco sacudidas, pero poco efectivas. En fin, pido a las autoridades competentes una normativa que acabe de una vez con esta discriminación de los varones, que se supriman las tazas elevadas y en paralelo y podamos disponer de cabinas individuales igual que en los servicios de señoras. A ver si así caminamos hacia la igualdad real de hombres y mujeres.