El año que viene

OPINIÓN

RECIBO un comunicado del Frente de Liberación de papás Noel escaladores de balcones made in China anunciando que ya llega el nuevo año. El maestro Cunqueiro, escritor de inviernos, solía escribir el prólogo de los años que se sucedían. Titulaba con frecuencia De un año para otro y nunca realizaba el balance del año que concluía. Ayer mismo escuché una conversación que hacía referencia al año que termina. «Acaba o ano», le decía a modo de saludo una mujer mayor a otra coetánea. «Déixao ir», era la respuesta que lacónicamente despedía la cháchara. Todos los años cuando envejecen, cuando el calendario decreta que diciembre comienza, empiezan a perder prestigio. Lo viejo está en permanente devaluación, y lo nuevo viene envuelto en esperanza, en expectativas que luego se van frustrando con el paso de los meses. El año que viene es el séptimo del nuevo siglo, y el siete, número cabalístico donde los haya, goza de leyendas que tienen que ver con los buenos augurios en esta parte de la cristiandad. Y nuestra sociedad está necesitada de afianzarse en presagios que no pinten de negro el futuro. El año que vence con una letra a plazo fijo fechada el 31 de diciembre trajo el fuego a Galicia, arrasó nuestra piel de verano, hizo teas el bosque y nuestro país escribió de piras las páginas de sucesos. El año que se va trajo el agua, la inundación, la riada que arrastró lo que quedó del bosque hasta las playas, y puso una vez más la crónica dramática en la información generada desde este viejo país. Fuego y lluvia son la síntesis de un verano y un otoño para contar el anuario gallego. No quiero hacer balance, ni siquiera avanzar como un augur los hitos venideros del porvenir cercano. No voy a recordar la cita electoral de mayo con los comicios municipales, ni siquiera augurar desbloqueos estatutarios ni falsos valores identitarios. Ni pronosticar el número de visitantes del nuevo pórtico de la gloria que se construye en Gaiás como réplica laica a la catedral y al camino. Sé que me iba a equivocar, como casi siempre. El año que viene tendremos todos, y eso sí es seguro, un año más, y este periódico está de cumplesiglos, celebrando sus primeros ciento veinticinco años al servicio de Galicia y de los gallegos, servicio que es una tarea colectiva para todos los que nacimos por estos pagos, para los que llevamos a Galicia en el corazón, para los que esta tierra es la primera de sus reivindicaciones. Que el 2007 no sea un año perdido, que se convierta en el primero de nuestra autoestima como pueblo, y al caer las doce campanadas que inauguran el año brindemos por los viejos ideales que tienen en la fraternidad y en la libertad sus primeras contraseñas. Feliz año nuevo.