TENEMOS unos horarios de locos. No vemos nunca a nuestros hijos. Siempre estamos deprisa y corriendo, como el conejo de Alicia. La mayoría sale de casa por la mañana, temprano, sin luz, y vuelve por la noche, tarde, sin luz. Los niños comen en el colegio. Los padres ni se sabe. España es el país peor organizado de Europa. Donde más horas se supone que se trabaja y donde menos productividad hay, según los estudios. Los expertos dicen que la fórmula es al revés: menos tiempo en el trabajo, más rendimiento. No falla. Pero en las empresas aún están bajo sospecha los que no tienen la nariz pegada al ordenador todo el día. ¿Conectados a placeres virtuales en Internet o trabajando? Los expertos dicen que hay que cambiar el estilo de vida. Los horarios tan prolongados salen caros. Demasiado luz, demasiada calefacción. ¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir? Los niños llegan a casa y no hay padre ni madre. Hacen los que les da la gana y adiós familias. Son los famosos niños de la llave. No lo digo yo. Lo dice la comisión nacional para la racionalización de los horarios: el ochenta por ciento de los trabajadores podrían terminar la jornada a las 18.00 horas. A España le sale muy caro ir al revés. Hay quien dice que este país sufre por no haber vivido las tres erres . No hubo Revolución francesa. Las castas y los privilegios llegan a hoy. Curro Jiménez echó a los franceses y nos quedamos en las tabernas lustrando vasos de vino. No hubo Contrarreforma. Con la iglesia de toda la vida hemos topado. Y el Renacimiento ni se notó. La cultura es una excepción. Los clásicos estorban y se prefiere cualquier tontería que dijo ayer un moderno. Si seguimos así, nos vamos a quedar pasmando con el circo del fútbol y será tarde cuando nos demos cuenta de que sólo somos los esclavos que se van a comer los leones. cesar.casal@lavoz.es