El país de nunca Hamás

OPINIÓN

17 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

TRANSCURRIDOS poco más de veinticuatro meses desde el fallecimiento del histórico líder palestino Yaser Arafat, la situación de los territorios ocupados por Israel se ha deteriorado hasta el punto de que un ochenta por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Si con el nombramiento de Mahmud Abas, miembro de Al Fatah, como presidente de la Autoridad Palestina en enero del 2005 surgió la esperanza de cambios y mejoras paulatinas, la mayoría lograda en enero del 2006 por Hamás -acrónimo de Harakat al Muqauma al Islamia, es decir, Movimiento de Resistencia Islámica, fundado por el jeque Yasín y conocido por su actividad terrorista desde la primera intifada de 1987- ha dividido tanto a la población que se habla ya de conato de guerra civil. Si bien Hamás ganó las elecciones limpiamente, su política radical no ha hecho sino empeorar las relaciones con Israel y agravar la situación palestina. Su negativa a reconocer al Estado judío ha provocado la congelación de los fondos que recibía la Autoridad Palestina y, por lo tanto, la imposibilidad, desde enero, de pagar los sueldos de miles de funcionarios. Encerrada en un microcosmos endogámico en donde los rumores y las especulaciones apoyan falsas acusaciones de trabajar como espía de Israel, donde las secuelas de los escándalos por corrupción atizan la ira de los más pobres, donde la ausencia de trabajo para adultos y jóvenes supone la ausencia total de recursos económicos y provoca el hambre, la población palestina es una olla a presión lista para estallar a la mínima provocación. El regreso con las manos vacías de Ismael Haniya, el primer ministro de Hamás, a pesar de haber recaudado millones en su gira por los países árabes e Irán, ha sido la espoleta para un nuevo brote de violencia entre los seguidores de ambas facciones. Incapaz de alcanzar un consenso con Hamás, tras meses de negociación infructuosa, y con pocas opciones para maniobrar, el presidente Abas ha lanzado un órdago de impredecibles consecuencias en el peor momento posible: la convocatoria de nuevas elecciones a la presidencia. Abas sabe que es imposible el gobierno en un país dividido y que tampoco es aceptable el dominio de Hamás; ahora les toca a los palestinos opinar.