Recalifica, que chove

| MIGUEL JUANE |

OPINIÓN

UN REPRESENTANTE de la ONU presentó recientemente un informe demoledor sobre la situación del urbanismo en nuestro país hablando de lo extendida que está la corrupción, con casos como el de Marbella como punta del iceberg. Para decirnos eso se pudo ahorrar el viaje. Por su parte, el Tribunal de Cuentas puso de manifiesto diversas irregularidades en la gestión de los fondos públicos de la Federación Española de Fútbol, así como en la recalificación y uso de los terrenos que ésta tiene en la ciudad del fútbol de Las Rozas. Tampoco esta circunstancia sorprendió especialmente a nadie. A su vez, unos subinspectores de Hacienda han denunciado que el fisco español da un trato de favor a los clubes de fútbol, debido a su «calado popular». En un artículo reciente mencionaba que en el Informe Independiente sobre el Deporte 2006, elaborado en la Comisión Europea, se hablaba de tomar medidas para detectar y frenar actividades criminales en torno al fútbol, y en particular para impedir prácticas tales como el amaño de partidos, el fraude, el lavado de dinero y cualquier otra forma de actividad corrupta o criminal. Dichas conclusiones tampoco asustan a la gente y simplemente ratifican lo que, de alguna manera, todos sabemos y muchos, en ocasiones con competencias para intervenir en la materia y atajar tales desmanes, ignoran o tratan de soslayo. El pasado domingo, en este mismo periódico, la clase política gallega afirmaba unánimemente que no puede permitirse que los clubes reciban un trato de favor, coincidiendo en que éstos no pueden verse favorecidos por recalificaciones ad hoc, como en los casos del Real Madrid o del Valencia, o como ahora pretenden el Atlético de Madrid o el Levante. Lamentablemente, nuestros políticos saben que los estadios municipales son de titularidad pública y que, por lo tanto, los clubes de fútbol no pueden realizar actuaciones especulativas con esos terrenos. No cabe duda de que los clubes hacen una magnífica promoción de sus respectivas ciudades, pero todos debemos convenir en que es preferible que, por ejemplo, Santiago sea conocida por su catedral, sus monumentos, museos e iglesias, patrimonio de la humanidad, que por el Compostela. Resulta curioso analizar cuántos empresarios de la construcción se han metido a dirigentes de clubes profesionales. Mezclar fútbol, urbanismo y construcción en el mismo saco resulta tan peligrosamente explosivo que a lo mejor hasta viene otro representante de la ONU y elabora un nuevo informe en el que ponga de manifiesto la deficiente gestión de muchos de los dirigentes del fútbol profesional que provoca el desorbitado endeudamiento de muchos clubes, así como las nefastas políticas de ayuda pública a los mismos. Para iso, que non veña.