El plan Baker, demasiado tarde

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

JAMES Baker ha presentado un plan de actuación en Irak que ofrece, entre otras, tres líneas de actuación. Desde el punto de vista interno, incide sobre la importancia de que el Gobierno iraquí se haga con el control del país, tarea harto difícil debido a la imposibilidad de detener la espiral de violencia entre las diversas facciones. Imposible sosegar al mismo tiempo a los llamados insurgentes suníes, a los infiltrados terroristas extranjeros integrantes de Al Qaida, a las bandas de crimen organizado y a las milicias chiíes. La tan buscada reconciliación nacional está lejos de alcanzarse porque para garantizar su implementación es necesario lo que no existe: un ejército experimentado, con mandos efectivos y ajeno a todo tipo de influencia. Desde el punto de vista externo, el plan Baker recomienda ir retirando las tropas norteamericanas de forma gradual, de tal manera que las que se vayan quedando en el país realicen, fundamentalmente, tareas de formación de los cuerpos y fuerzas de seguridad iraquíes. Ello evitaría la muerte de soldados y reduciría el ingente gasto militar estadounidense, pero no impediría un recrudecimiento de la violencia en Irak. Desde el punto de vista internacional, recomienda buscar la colaboración de los países vecinos. Lograr que ni Siria ni Irán coadyuven al hundimiento del único país con potencial para inclinar la balanza de poder en la zona parece complicado, por no hablar de la negativa del primer ministro israelí a vincular el conflicto con los palestinos como clave para la inestabilidad en la zona. En definitiva, un plan de buenas intenciones difícil de aplicar y que llega demasiado tarde.