Cazando puntos

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

PROBABLEMENTE ya conozcan las explicaciones de aquel buen hombre que trataba de detallarle a un amigo el reparto de tareas en su hogar. «Mi mujer -le dijo- se encarga de los asuntos menores, de los banales. Atiende la casa, cuida y educa a los niños y se las arregla para que el dinero llegue hasta final de mes. Yo estoy dedicado a los grandes asuntos, a los importantes. La Alianza de Civilizaciones, la paz mundial y la pacificación de Oriente Próximo». Viene esto a cuento porque cuando alguien le cuenta que le han quitado tres puntos de su carné de conducir por no llevar bien las luces o porque no le funcionó el ojímetro y pudo calcular mal la distancia con el de delante a la salida del peaje de una autopista, usted puede que se pregunte lo mismo. ¿A qué están esos mocetones vestidos de verde que viajan en coches espías? La respuesta es clara. Están a lo importante. A cazar puntos y a hacer caja. Lo banal, lo insustancial, como son los que se meriendan las líneas continuas, los que vuelan por las autovías, los que no respetan ni una norma, los que conducen después de haberse bajado una docena de chanqueiros, los temerarios que van a 210 y los que hablan por el móvil, eso, que como digo es lo banal, se lo dejan a san Cristóbal que por algo es el patrono de los conductores. A los que sostuvimos el primer día que tal y como se había planteado el carné por puntos era un juguete en manos de no se sabe muy bien quién, el tiempo ha venido a darnos la razón. Cinco meses después de su entrada en vigor, los puntos sirven para que cada mañana unos señores salgan a su caza para que otros señores puedan aparecer en los periódicos y en los telediarios haciendo balances y jactándose de que yo tengo más que tú, y en Teruel sacamos más que en Torrelodones. Así que agradezcámosle a san Cristóbal que nos eche una mano cuando salgamos a las carreteras, porque quienes deberían de hacerlo no van a poder porque están atareadísimos dedicados a la recolección y recaudación.