En el límite

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

AGOTADO parece que está el proceso de paz. En primavera nació la esperanza. Con el otoño volvemos a los nubarrones de la eterna borrasca. Aquellas noticias que anunciaron otra conducta han ido dando paso a los mensajes por los que ETA atentó. Llegamos a creernos que los Otegi, Permach, Rafa Díaz habían sido capaces de imponer a todo el mundo batasuno-etarra-presos la idea de Anoeta. Ya no es tiempo de lucha armada, hay que hacer política¿ Pero a medida que ETA se ha colocado en el primer plano hemos visto lo de siempre. Soberanía y territorialidad. Nada de desarme y mucho de dicterios sobre cómo tiene que ser su Euskal Herria en el concierto europeo. Han vuelto a exigir la inclusión de Navarra. Han vuelto a exigir autodeterminación. Han vuelto a sacar la gasolina y las extorsiones al empresariado. Han robado armas. Han ido contra el acuerdo inicial de suspender toda acción violenta para poder pasar a la fase del diálogo entre partidos. Del otro lado de la trinchera también hay que señalar culpables. Los que han movilizado a familiares de las víctimas hurgando en la herida fácil del dolor que produce ira y se niega a cualquier tipo de componenda que no pase por la rendición de ETA. Los que han sembrado la duda por el precio que se podía estar poniendo a la paz definitiva. Los que han hecho del terrorismo una parte fundamental de su razón de ser en política. La actitud de una parte de la justicia que hizo oídos sordos al llamamiento posibilista del Congreso de los Diputados y mostró la cara más implacable contra Batasuna. Será la tercera vez que mi generación de ciudadanos habrá fracasado en poner punto final al terrorismo de ETA y, lo peor, será la tercera vez que no habremos sido capaces los demócratas de poner fin a la cultura que se retroalimenta del mito. Volverán a escucharse soflamas sobre los derechos históricos del pueblo vasco, sobre la opresión de Euskal Herria por los Estados de Francia y España. Y otra generación de jóvenes se hará cofrade del patriotismo que consiste en eliminar al disidente de la doctrina de la construcción nacional. Estamos, la mayoría, a punto de perder, para que algunos ganen las próximas elecciones.