TODO EL mundo sabe que el PP intentó negociar con ETA. Y, puesto que Mariano Rajoy se opone con toda rotundidad al actual proceso de paz, a nadie le cabe la menor duda de que el PP ha cambiado su postura entre el 1998 y el 2006. Y esa es la razón por la que entiendo que, si el objetivo del vídeo elaborado en las cocinas de Ferraz era demostrar que el PP se contradice, hay que considerarlo un inútil derroche de ingenio y recursos, porque esa información ya estaba descontada. En otra línea de argumentación, no creo que se necesite más de media hora para confeccionar otro vídeo igual de contundente en el que se recuerde la oposición frontal de Zapatero, Rubalcaba, Fernández de la Vega y Patxi López a cualquier conversación o negociación con ETA, y a toda política antiterrorista que no fuese consensuada. Y por eso podemos concluir que los dos partidos están pagando muy caro el efecto secante del pacto antiterrorista, y que de nada sirve este juego en el que se demuestra la cosa más obvia del mundo: que las políticas evolucionan, y que todos los políticos van conformando sus actitudes al socaire de las circunstancias. Pero el vídeo del PSOE nos ofrece una información inesperada, al demostrar la absoluta coherencia de un partido -el PP- que cuando quiere negociar lo hace con todas las consecuencias, y cuando no quiere negociar se opone sin ambages. Por el contrario, lo que nos llena de estupor es la contradicción de un Gobierno que, mientras afirma su intención de alcanzar un fin dialogado para la violencia, reniega de todos los instrumentos de negociación, y aboca a sus interlocutores terroristas a aceptar un acuerdo en el que no figura el puente de plata que siempre hay que ofrecerle al enemigo que huye. Lo que en este momento se hace evidente es que el PSOE creyó dos cosas que sólo se traga un iluso. La primera, que el PP iba a sentirse aislado -así lo repetía a diario el entorno mediático del Gobierno- y que acabaría arrojándose más pronto que tarde en brazos del PSOE. La segunda, que ETA ya estaba vencida y desarmada, y que sólo faltaba poner la cesta para recoger las naranjas. Y así se explica que, al marrar severamente en ambos cálculos, el Gobierno se encuentre bloqueado, incapaz de avanzar sin el concurso del PP, y sin instrumentos para escenificar una rendición que el entorno aberzale no tiene capacidad de ofrecer. A Zapatero aún le quedan algunas posibilidades de salvar su proceso, siempre que se moje en él y arriesgue con prudencia y equidad a favor de un acuerdo de mínimos. Pero si sigue esperando que las castañas maduren en primavera, va a pagar muy cara su osadía. Porque, lamento decirlo, lo están haciendo muy mal.