SI HAY algo obvio en la política gallega es que el BNG es una organización plural. Lo es en su estructura, en sus liderazgos y, cada vez más, en sus fundamentos ideológicos. Y por eso suenan a excusatio non petita las palabras de Cecilia Pérez, secretaria de Imaxe del Bloque, que explica la concurrencia de cuatro listas a la elección del consello nacional en función del pluralismo intrínseco de los nacionalistas. Porque lo que todos sospechamos es que en el BNG hay exceso de concurrencia, y que, lejos de estar ante una batalla por la concepción interna del frente, estamos ante el último episodio de una guerra por el poder. Sobra decir, una vez más, que todo el mundo tiene derecho a competir en cualquier elección, ya sea para defender una posición ideológica, un proyecto político, una estrategia electoral o una aspiración personal. Pero eso no quita que las organizaciones políticas tengan una dimensión social, y que, más allá de las controversias internas de la militancia, todos los ciudadanos tengamos una preocupación legítima por la construcción de las alternativas que garantizan el pluralismo del sistema. Y es que de nada vale que el BNG sea plural en el desarrollo se sus asambleas si, entre crisis de transformación, crisis de liderazgo y divisiones internas, nos aboca a un bipartidismo imperfecto protagonizado por el PP y el PSOE. La acción política lleva implícita una priorización razonada de objetivos. Cada cosa hay que abordarla a su tiempo, y en una circunstancia en la que tenga visos de ser resuelta. Porque nada se avanza, ni en términos electorales ni en términos de pura democracia, si una defensa radical del pluralismo interno nos lleva a dar coces contra el aguijón. Y no creo que sea defendible que -en vísperas de las elecciones municipales, con el Estatuto atrancado y políticamente devaluado, con la agenda de la Xunta repleta de temas complejos y mal debatidos, con el nacionalismo perdiendo comba en las encuestas y con preocupantes derivas en la política del Estado- la prioridad del BNG sea la de demostrar que es una organización muy plural, que tiene muchos generales para gobernar poca tropa. Si toda la izquierda tiene una especial querencia por el debate interminable, el nacionalismo gallego empieza a dar preocupantes muestras de girar en espiral sobre sus propios complejos. Por eso será muy importante ver si la militancia del BNG se enreda en la telaraña del debate interno, o si opta por una fórmula realista que se reconcilie con los ciudadanos y con el pluralismo esencial del sistema. Porque si Quintana queda cautivo de lo que sea, tendremos que acostumbrarnos a las cumbres entre Feijoo y Touriño. Así de simple.