RECORDABA días atrás como ya desde hace 20 años somos pastores responsables de la biosfera al haber reducido a la décima parte los gases más nocivos de climatizadores, aerosoles, plásticos o plaguicidas. Pero nos acecha un lobo -un auténtico cáncer- aún mayor creado con nuestro consumo acelerado de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas...): las emisiones de CO2, que están provocando un efecto invernadero. En Galicia las emisiones anuales per cápita de CO2 (tomando las asignaciones para el 2007) se sitúan en cerca de las cinco toneladas, claramente por encima de las apenas cuatro de media española, o de menos de una en Madrid. A la vista de estas cifras (superamos aquí el 9% de las emisiones totales de España) nuestro esfuerzo no debiera ser pequeño; habría de ser de los mayores y ¡cinco veces superior al de la Comunidad de Madrid! ¿Tan perniciosos -tan cancerígenos- somos para la biosfera desde Galicia? No está, a mi juicio, nada claro que sea así. Porque el 75% de nuestra asignación de emisiones se debe a la central térmica de Endesa en As Pontes. Este generador eléctrico sólo es necesario en el sistema gallego si debemos suministrar los 5,6 miles de GWh que consume al año la factoría de Alúmina del norte de Lugo (que, por cierto, paga el kW a algo más de dos céntimos de euro mientras usted y yo lo pagamos a más de ocho). Ni el aluminio elaborado se justifica por el mercado interno gallego, ni buena parte de sus transformaciones se realizan en Galicia, con lo que los costes del cáncer climático derivado del aluminio habría que imputarlo a otros territorios. Claro que tampoco habría que imputar a Galicia el cáncer climático asociado a nuestras exportaciones de electricidad (más del 30% de los kW producidos) porque ni somos los consumidores finales de esa energía, ni tienen sede aquí las empresas de esas factorías (As Pontes, Meirama, Sabón...). Por una u otra vía -o por las dos- de corrección resulta que a la demanda energética de Galicia debería imputársele sólo algo más de una tonelada por habitante y año de derechos de emisión, y por ejemplo a Madrid bastante más de dos. Un resultado mucho más lógico. Tampoco está claro lo del cáncer gallego si en esta contabilidad se tuvieran en cuenta -y valorasen- los tumores evitados. Porque nuestras electricidades verdes (hidráulica, eólica...) evitan unas emisiones que suponen más del 60% de las que ahora se nos asignan, aunque nadie lo valore, salvo las cuentas de resultados de Fenosa e Iberdrola. O los tumores evitados por nuestros bosques y montes que, cuando no se nos queman, fijan el mayor porcentaje de CO2 de España. Aunque, de nuevo, no sirva nada de esto para poner en valor a Galicia como pastora de la biosfera.