MUS. Es como si Estado y Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) estuvieran jugando una partida a ese juego de cartas tan vasco en el que los gestos son tan importantes como las cartas disponibles para cada jugador. Escalada en el tono y mensaje de las declaraciones. La última novedad, las hechas por altos dignatarios franceses metiéndose públicamente en la partida. O la «desautorización» al presidente del Gobierno por parte de Batasuna para liderar el proceso de paz en Euskadi. Han pasado de las declaraciones posibilistas de Anoeta a exigir soberanía y territorialidad. Escalada en las actuaciones judiciales. Es cierto que el marco legal lo permite, pero no es menos cierto que si se quiere se administran tiempos y procesos. La última presión es reconsiderar las sentencias sobre el mundo juvenil del MLNV. Y desde luego, encausar al propio presidente del Gobierno Vasco por las conversaciones con Batasuna. De esta manera, las reuniones con ETA o son clandestinas o los que acudan a ellas pueden terminar en la cárcel. Escalada en la violencia callejera. Lo más peligroso del juego. Se aleja de la condición sobre la que se logró un amplio apoyo parlamentario al proceso. Algún niñato descerebrado puede pasarse y quemar vivo a un ciudadano, o algún comando necesitado de notoriedad puede cometer una salvajada a inventario de los más duros. Escalada mediática, que es tanto como el pulso del estado de ánimo de la sociedad. Es como si nos estuvieran preparando para lo peor. Parece que algunos han trazado las líneas de comunicación social que les permita zafarse de la culpabilidad y señalar a otros como los responsables del problema. Llegamos a creer que la partida era para la desaparición de ETA, y resulta que es para negociar cómo queda el País Vasco desde la voluntad de los propios vascos dirigida por gudaris (soldados) y aberzales (patriotas). Se pide un gesto público al Gobierno a corto plazo, consistente en política penitenciaria y cese de la presión judicial en asuntos pendientes. Mientras, Batasuna sigue sin condenar de forma expresa la violencia de ETA, incluso Otegi comete el error -por miedo personal- a ofrecerse, bajo condiciones, para frenar la violencia callejera. Los partidos vascos hablan, a escondidas, de la mesa para normalizar la situación. Vuelven a poner escoltas a quienes las habían dejado. Mala señal. Como en el mus, estamos llegando al órdago.