La disciplina en los centros educativos

| CELSO CURRÁS |

OPINIÓN

17 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ORIGEN de la conflictividad en los centros docentes no está en éstos, sino en el hogar de los alumnos. La familia es el primer y principal agente educador, pero va camino de convertirse en el segundo, con el grave riesgo de ceder su posición a la institución educativa. Los valores fundamentales, en este caso orden y disciplina, no son delegables y, por lo tanto, si no se practican antes en casa, no pueden exigírseles después a los profesionales de la enseñanza. Como hemos dicho en otras ocasiones, el cariño y el diálogo permanente con los hijos son imprescindibles, pero no deben ser confundidos con la claudicación ante sus exigencias o con el fácil recurso de culpar al colegio o al instituto de su mal comportamiento. Hay excesiva permisividad y libertad sin responsabilidad. Sabater acaba de decir que los niños no encuentran en su casa la autoridad, elemento fundamental para su crecimiento. Corren malos tiempos para la palabra autoridad, que sigue siendo reiteradamente confundida con autoritarismo. Se exigen libertades y derechos; de las responsabilidades y deberes, que se hable lo menos posible, no vaya a ser que produzcan traumas. Como consecuencia de esto, la tensión en los centros docentes va en aumento y arrecian las peticiones de un plan de mejora de la convivencia y de una nueva normativa que posibilite un sistema eficaz y rápido de aplicación de las sanciones. Por supuesto que estas medidas son necesarias, pero no van a contribuir, por sí solas, a la mejora de esta situación. La acción que sigue demandando insistentemente nuestro sistema educativo es el acercamiento entre el centro escolar y la familia. Ante la crisis de los valores, la poderosa influencia de los medios de comunicación, las nuevas estructuras familiares¿ muchos padres no saben cómo educar y, por lo tanto, adoptan posturas de inhibición y permisividad; es decir, no educan. Y es en este sentido donde adquieren un papel decisivo los centros educativos y las asociaciones de madres y padres de alumnos. Éstas, por su competencia en el fomento de la colaboración entre todos los miembros de la comunidad educativa, y aquéllos, principalmente a través de los responsables de la orientación y de las tutorías. Es necesario propiciar contactos con los padres, sobre todo con los más reacios, dialogar con tranquilidad y sinceridad con ellos e intentar conseguir que se acerquen, sin reparos, a los centros donde estudian sus hijos. Sabemos que esto es hoy muy difícil, pero los profesionales que insisten lo acaban consiguiendo. Además, cualquier camino, por largo que sea, empieza con un primer paso. En Galicia disponemos de muchos y buenos orientadores, dedicados en exclusiva a esta función. Cada alumno tiene un tutor, que debe conocer bien sus características personales y familiares, y facilitar la colaboración entre profesores y padres. Además, el actual Gobierno ha decidido pagar las tutorías; esperemos que no se quede solamente en eso.