SIN DUDA habrá importantes repercusiones políticas. Las elecciones catalanas del día de Todos los Santos -curioso nombre- revalidan el tripartito. La anterior edición de este experimento político estuvo marcada por las salidas de tiesto de Carod Rovira y la polémica sobre la financiación de Esquerra Republicana, protagonizada por Javier Vendrell. La alta abstención cosechada y la irrupción como nueva fuerza del partido Ciutadans -impulsado por el mordaz Albert Boadella- siguen reflejando el cansancio de la sociedad por los continuos escándalos políticos. Un breve repaso a la prensa muestra la preocupante situación en que nos encontramos. Las listas para las municipales del 2007 incluyen a varios altos cargos implicados en casos de corrupción investigados por la justicia. El mismísimo presidente ruso, Vladimir Putin, ha frivolizado con el tema de la corrupción española, una vez que el caso Roca de Marbella abrió el bote de las esencias. El caso Torrelodones ha sido portada de periódicos. Dos concejales del PP han denunciado a sus compañeros de partido, a los que acusan del cobro de comisiones. El caso Ciempozuelos ha provocado que ingresen en prisión dos ex alcaldes del PSOE. El alcalde y cinco concejales de Telde (Gran Canaria), del PP, han sido detenidos por cobro de comisiones. Dimisión forzada la del director general de Urbanismo de la Comunidad de Madrid, pues los papeles del denominado caso Porto le implican en recalificaciones, precisamente, en beneficio de un tío de Esperanza Aguirre. Gallardón también ha pasado por momentos difíciles. Tanto al PSOE como al PP les han estallado casos similares. Se avecinan nuevos procesos electorales, y el nerviosismo hace mella en los integrantes de algunos partidos políticos, ante la incertidumbre de los resultados. El clima de impunidad no debe asentarse, y la sociedad civil demanda que se depuren responsabilidades. Mariano Rajoy y Pepe Blanco deberían tomar cartas en el asunto. La solución definitiva a todos estos desmanes de la partitocracia: listas abiertas.