EL MURO de Berlín era un antídoto contra toda tentación de alzar en otros sitios paredones similares, sospechosos de inhumanidad. Su sola presencia -inolvidable y repugnante- dividiendo la capital de Alemania provocaba un rechazo unánime ante cualquier solución que se le asemejase. Pero el muro de Berlín se vino abajo en 1989 y desde entonces la idea de esas murallas divisorias ha perdido rechazo general y, a la vez, ha ganado justificaciones en distintas comunidades. No hace mucho, Israel levantó un muro deplorable entre judíos y palestinos, invadiendo amplias zonas de Cisjordania. Las protestas duraron de momento mucho menos que el muro, que sigue en pie, amargando la vida de numerosos palestinos, pero sin solucionar nada, excepto si lo que se pretendía era empeorar las condiciones de vida de los más oprimidos. Es un muro que caerá algún día, sin duda, pero que por ahora goza de inmerecida buena salud. El mundo debería seguir siendo un clamor contra él. Otro muro se anuncia entre EE.?UU. y México, con achulados actos de firma y aprobación por parte de Bush. Es casi seguro que ese muro no se alzará jamás y que todo quedará en propaganda con vistas a las elecciones de hoy, en las que tanto se juegan republicanos y demócratas. Pero ya sabemos que la propaganda la carga el diablo y que muchas promesas hechas sin ánimo de cumplirlas han terminado por llevarse a cabo para satisfacer alguna demanda pública surgida del miedo o de debilidades menos confesables. Por ello, el propio hecho de anunciar el compromiso de hacer un muro no está exento de riesgos serios de que se haga, a pesar de que sean tantos los que adviertan sobre su inutilidad para detener la inmigración mexicana. Ahora es China la que se apresura a construir vallas de hormigón y alambre de espino en su frontera con Corea del Norte, ante el temor a una avalancha provocada -tras una posible crisis nuclear- por una hambruna similar a la de 1995. Y nadie está protestando, porque las vallas han perdido su denostable condición (también en Ceuta y Melilla). Por ello es de temer que en el futuro se consientan muchos más muros.