Cidade da Cultura Park

| XOSÉ CARLOS CANEIRO |

OPINIÓN

TENEMOS las playas con ceniza y el portavoz de la oposición, otrora vicepresidente, dice que Touriño ya tiene su Prestige . Y se queda tan ancho, como si hubiese resuelto un teorema matemático inextricable. Tan ancho. Alberto está tan solo que uno, que es su paisano, tiene el deber moral de animarlo. Solo, Alberto, solo: como en un bolero de Los Panchos. El equipo popular lo ha dejado flotando en el éter de la oposición. Y Rueda, su segundo, encaja escasamente en su papel de político martillo. Pita lo hacía mejor: estaba adaptado al papel de malo y, a malo , no le ganaba nadie. Alberto, solo. Y sigo. Tenemos, por tener, una red que defrauda en impuestos dieciséis millones y usted, que ha defraudado alguna vez un par de pesetillas y fue investigado, se pone a temblar (o a llorar, que es peor). Tenemos cochazos y piensan, por ahí afuera, que aquí vivimos en Corrupción en Miami : qué imagen la nuestra. Tenemos un festivo en medio de la semana y no tenemos un parque de atracciones adonde llevar a nuestros infantes. Y, en este trance, coordino la última proposición con la primera y me viene a la cabeza una idea para gastar con gracia, y acierto, los miles de millones que gastaremos para terminar y usar las instalaciones de monte Gaiás, ciudad piramidal. ¡Un parque de atracciones! Juro que estoy dispuesto a disfrazarme de Piolín, o de Cleopatra, para que funcione nuestra Terra Mítica. Incluso me ofrezco para regalar ideas al Pepé en su tarea de desgaste del Gobierno. Tomémoslo a broma: Cidade da Cultura Park. El Prestige de Touriño lo dejó varado, el anterior Gobierno, en las afueras de Santiago. Y ni Touriño, ni el país entero, sabe librarse de esa tragedia. Cidade da Cultura Park: sólo nos queda reír. De impotencia. O de pena.