Ana, Óscar y el dromedario

| XOSÉ CARLOS CANEIRO |

OPINIÓN

SE ME HAN CAÍDO los últimos mitos. Uno, que es un sentimental, había depositado todas sus esperanzas en Ana María Ríos y Óscar Pereiro. Llovía, nos inundábamos, nos hundíamos de nuevo pero quedaba la esperanza colgada de los ojos de Ana y el pulmón de Óscar. Fueron los últimos de los nuestros que nos hicieron vibrar. En otras latitudes vibran con Rafa Nadal. En Madrid, por ejemplo. Por eso le colocaron pancarta excelsa en el Bernabeu el día que el Madrid le metió dos a cero a mío Barça. Decía: «Rafael Nadal. Estirpe Española. Caballero Madridista». Cáspita, dije yo, por no pronunciar otro improperio más ofensivo. Estirpe española, que manda truco. Luego me quedé hecho polvo: por el dos a cero, porque llovía, por Óscar y por Ana María Ríos. Soy un sentimental, reitero; si fuese un hombre frío y racional hubiese actuado de otro modo. No pude. Me trencé en el sillón más grande de mi soledad y me puse a flirtear con la tristeza. Sí, se me habían caído los últimos mitos. Ella, sin hacer declaraciones a la prensa de aquí y a la tele de aquí porque dicen, rumore rumore , que hay exclusivas y que las teles se la rifan. Él, en Valencia, compitiendo con un dromedario. Hasta aquí podíamos llegar. El país entero lloró por ellos, se emocionó, gritó de contento cuando ella fue liberada y cuando él casi ganó el Tour. Y nos pagan así, maldita sea. Él con el dromedario y ella como probable estrella del telecorazón patrio. Nada me consuela. Camino como loco buscándome otros mitos que no me traicionen la esperanza, o el sentimiento, que es un puñal que se me cruza en la garganta. Ana, Óscar y el dromedario me han roto el corazón. Siempre me quedará Pemán, el del tiempo. Un día de estos nos anunciará el sol. Que no se irá de este país inundado, hundido. No se irá. Jamás.