Una crispación interesada

OPINIÓN

MENOS MAL que en nuestra sociedad impera el pluralismo y los ciudadanos no andan todo el día a la greña. En este punto bien se podría decir que los políticos claramente no nos representan. Si tuviésemos que juzgar el estado de la sociedad por las actuaciones y declaraciones cotidianas de los líderes políticos no tendríamos más remedio que hablar de crispación, desentendimiento, confrontación de monolitismos y algunas exacerbaciones más. Pero no. De momento, esos males se circunscriben al ámbito de los partidos, sobre todo al de los dos principales, el PSOE y el PP, que no encuentran causa sobre la que no discrepar y zurrarse la badana de lo lindo. Algunos de los analistas de la situación ya se han inclinado por considerar que la forma actual de hacer política en nuestro país consiste en remover los sentimientos de los ciudadanos en busca de reacciones cuanto más viscerales mejor, sustituyendo para ello el discurso racional por la soflama incendiaria, la descalificación permanente y el todo vale . Con el mal añadido de que, unos por otros, cada vez son más frecuentes los calentamientos de boca y las consiguientes tensiones. Es una manera de verlo. Porque una interpretación menos generosa -y probablemente menos ingenua- sitúa las claves de la crispación en los propios intereses de los políticos y su encarnizada lucha por el poder, al margen de cual sea el interés general del país. En este sentido ya se habla más de intereses partidarios o propios de la clase política que de debates en nombre de los ciudadanos a los que representan. Es obvio que los políticos viven esencialmente de la política y no hay en ello nada criticable. Lo hay, en cambio, en que su permanencia en los puestos -o la reconquista de ellos si los han perdido- se convierta en el objetivo preferente (cuando no en el único) de su quehacer político. La sensación de que está ocurriendo esto en España está calando hondo para explicar la crispación. La clase política sí que anda a la greña. Y en su disputa cabe todo: desde reescribir la historia a conveniencia hasta dedicar los mejores esfuerzos a ver la paja en el ojo ajeno y no distinguir la viga en el propio. Pero estas fiebres deben curarse. Para bien de todos.