EN LA inercia de todos los días suenan como hojas caídas de otoño el número de mujeres muertas por sus maridos, novios o compañeros. Cautivos de ese engaño que es el eufemismo, hemos optado por denominar a este fenómeno violencia de género . Llegados al estatus de señoritos, nos horroriza la brutalidad descarnada que encierra nuestra alma tan humana, y edulcoramos nuestros actos (puesto que es responsabilidad de todos) inventando conceptos a fuerza de coser unas palabras con otras para que nuestro exquisito oído no se vea mezclado con la podredumbre de las tinieblas. Ayer mismo, sin ir más lejos, escuché decir en no sé qué radio o televisión que la ONU reconocía que la violencia de género iba al alza en cualquier parte del mundo. El informe era desesperanzador: por la forma como se comunicaba parecía que se tratase de una fatalidad con la que acostumbrarse a convivir. Hubo un tiempo en que la fatalidad parecía poder ser vencida por la responsabilidad individual, colectiva, administrativa, política. Pero no. Sólo fue un sueño truncado. Ahora basta con cambiar el nombre de las cosas, y paz y después gloria. Como ese DVD que me acaba de llegar mientras escribo este artículo, regalo del partido político Convergencia i Unió, ahora sí, a punto de comenzar la campaña electoral de verdad en Cataluña, y que ya había visto hace una semana. Me informa la carátula que es un documental. Sólo nos faltaba ahora distorsionar el valor al alza y el prestigio de los documentales actuales. Porque este vídeo, del que se han hecho casi un millón de copias de regalo, es un burdo montaje sobre el ya disparatado tripartito que en Cataluña tuvimos que soportar. Y nada más: ni una propuesta, ni una reflexión, ni una idea innovadora. Sería terrible que bastara un chiste malo en DVD para convencer a los electores. Y en ese tipo de basura parece que estamos cayendo. Yo ya lo tiré al contenedor.