Miscelánea educativa

PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO

OPINIÓN

08 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL DICCIONARIO de la Real Academia define la miscelánea como una «obra o escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas». Pues bien, ésta puede ser, y así lo atestigua la experiencia literaria, un excelente recurso retórico en el ámbito discursivo de los libros de pensamiento o hasta de memorias, pero no si lo que nos ocupa es la educación. Recuerdo, por ejemplo, la Miscelánea histórica y etnográfica de Julio Caro Baroja o la Miscelánea Poética de Octavio Paz. Una educación que requiere no sólo una mínima ordenación sistemática sobre contenidos y su transmisión, sino de una necesaria lógica acerca de sus propuestas y la metodología a seguir. Estas consideraciones vienen por la presentación del informe, con el título Panorama sobre la Educación 2006 , de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el que España no sale, como era previsible, bien parada. En efecto, en el estudio realizado se constata ¡que somos el cuarto país de la OCDE con el fracaso escolar en educación secundaria más alto! (sólo Turquía, Brasil y México se encuentran por encima). Esto es, donde uno de cada tres estudiantes no acaba la enseñanza obligatoria, y donde, por si fuera poco, las repeticiones de curso son elevadísimas. A lo que habría que añadir que el nivel de formación de los adultos se encuentra por debajo, en más de quince puntos, de la media, mientras la cantidad del producto interior bruto (PIB) destinada a educación no superior sigue siendo inferior al promedio internacional de los Estados del primer mundo (un 36% frente a un 43%). Sí nos hallamos por encima, en cambio, en el mayor tiempo de presencia de los alumnos en las aulas -aunque tengo dudas de que esta realidad haya que valorarla positivamente-, así como en una menor ratio alumno/profesor. Pero, para quien conozca el sistema educativo no universitario, la situación es aún más compleja. Es verdad que se ha mejorado en los últimos años en aspectos relevantes. A saber: la generalización de la educación; la coexistencia, más o menos pacífica, de la educación entendida como un derecho en el que el Estado tiene mucho que decir, pero asimismo como una libertad de elección de los padres a escoger la formación que consideren oportuna para el desarrollo de sus hijos; la gratuidad de las enseñanzas básicas y el fortalecimiento de la política de becas; el marco plural de centros educativos (privados, concertados y públicos); la educación en principios y valores democráticos; la integración social de los inmigrantes y disminuidos físicos y psíquicos; o la potenciación de los idiomas y de las nuevas tecnologías. Aunque no podemos esconder la cabeza en otros aspectos graves, donde las disfunciones son harto preocupantes: el altísimo nivel de fracaso escolar; los bajos parámetros de exigencia y calidad; el arrinconamiento del esfuerzo y superación personal; la contrastada insatisfacción del profesorado; el alarmante indiferentismo social hacia la educación por padres; la ausencia de mayores medios personales y materiales; la falta de contenidos comunes en las diferentes partes del territorio nacional; la postergación de las Humanidades; las inadecuadas metodologías educativas; la grave renuncia por parte del Estado a ejercer sus labores de alta inspección; la carencia de suficientes incentivos en un profesorado desganado, etcétera.