AÚN HUMEANDO la tierra, una nueva catástrofe. Le toca a un río, al río paternal y augusto que llevaba al mar la tierra de O Salnés. Más allá del hongo de humo, señal de un nuevo accidente, está lo que al río va, aquello con lo que lo cargaron. Un agregado preocupante de productos químicos que contaminan las aguas, y matan los peces, la fauna toda, la flora, quizá también el lecho del río. Un agregado de alta toxicidad, producto de una actividad de cuyos riesgos apenas estábamos alertados. Entiendan ahora la importancia de la alarma ecologista, comprendan la dimensión de esa iniciativa popular presentada en el Parlamento gallego para la protección de los ríos. Recuerden prioridades de Gobiernos, atentos eso sí al aprovechamiento de los ríos, pero ajenos y lejanos a los riesgos de actividades industriales que los utilizaban como sumideros. Porque si no reconocemos nuestra propia historia es difícil que lleguemos a cambiarla. La naturaleza en Galicia es ubérrima, recuperable en forma sorprendente, pero no lo aguanta todo. Lo que menos la urbanización descontrolada, la despoblación, pero sobre todo tanta agresión a sus ríos, a sus aguas. Sorpréndanse una vez más y pregunten cómo tal almacén de tóxicos fue posible, pero sobre todo cómo ha podido tener conexión directa al río, y a través de él, a la ría grande, Arousa. ¿Por qué alguien autorizó, sin balsas de retención y control de la calidad del vertido, que un caño libre comunicara directamente los productos químicos que la planta manipulaba con la ría más productiva de Galicia? ¿O qué nos indican algunas normas de calidad? Sorprende también las distantes declaraciones ante lo sucedido de los responsables de la empresa, minimizando lo sucedido y derivándolo a una capacidad indemnizatoria del desastre y los gastos producidos, y eludiendo su responsabilidad social ante problemas ecológicos y sanitarios derivados de su propia actividad. ¿Por qué son tantos a los que Galicia no les preocupa y, desprofesionalizados, ponen los cimientos de las catástrofes? Ni gafes ni mal fario, sólo unas políticas industriales y ambientales en el filo de la insensatez hacen de la catástrofe un suceso de alta probabilidad. Hoy en el Umia, un veneno azul turquesa.