Curso 2006-2007: una reválida y dos evaluaciones

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

COMO siempre desde hace más de treinta años, ETA volverá a ser otra vez la gran protagonista del nuevo curso político que se inicia este primer fin de semana de septiembre. Vayan como vayan, las negociaciones con la banda terrorista acapararán, desde luego, todas las portadas. Un hecho decisivo vendrá, en todo caso, a romper -en un sentido u otro- la actual sensación de encallamiento: la necesidad de Batasuna de concurrir a las municipales, lo que le estará vedado si sus dirigentes se niegan a hacer lo que hacemos los restantes españoles: cumplir las leyes. Esa será sin duda la reválida del proceso en que hoy estamos: sabremos, dependiendo de cómo se produzca, si la ha superado Batasuna o el Gobierno le ha permitido, para aprobarla, utilizar chuletas y hacer trampa. En noviembre tendremos, además, elecciones catalanas. Descontado el descalabro del PP, la duda estará en cuál será la coalición nacionalista gobernante: si la de ponerse a rezar (CiU y ERC), la de ponerse a llorar (PSC, ERC e ICV) o la de ponerse a temblar (CiU y PSC). En este último caso habrá aún dos posibilidades, según sea Mas quien apoye a Montilla, o Montilla quien apoye a Mas, para presidir la Generalitat. Zapatero está tranquilo porque sabe que cualquier coalición le beneficia... pero no debería estarlo tanto. Pues, sea cual fuere, el próximo Gobierno pondrá en marcha el Estatuto y entonces, sólo entonces, nos enteraremos de lo que vale un peine. Para ir abriendo boca, las dos primeras medidas de un Maragall fantasmagórico no tienen desperdicio: un decreto creando una oficina diplomática en Bruselas y el anuncio de que se instituirá un cuerpo de inspectores de hacienda de la Generalitat. Con la primavera llegarán los cantos de los pájaros, y, con ellos, los menos bucólicos de la campaña para las municipales y autonómicas. Aunque en esos comicios se decide lo que se decide de verdad -quién gobierna las 13 comunidades de vía general, los ayuntamientos y las diputaciones provinciales-, nada evitará que se conviertan también en unas primarias de las generales previstas para el año 2008. Si al PP le fuera bien, Rajoy podría todavía aguantar con Hernández y Fernández, y seguir con su política de «o el PP o el caos». Pero si fuera el PSOE el que saliera triunfante del envite, que es lo que de momento anuncian las encuestas, habrá sonado para Rajoy la hora de escoger entre cambiar de equipo y de discurso o aceptar que se dirige hacia un seguro descalabro en el 2008. Y para Zapatero, la de arrellanarse, ya sin rubor, como el gran pachá de su partido, en el que tendrá los días contados toda discrepancia.