Ministro de cuota


EL PANORAMA industrial de Galicia no da para muchas alegrías. Uno de nuestros mayores y mejor dotados complejos industriales, el de los astilleros de Ferrol, languidece por falta de impulso para hacer que Bruselas reconsidere las limitaciones férreas impuestas en tiempos en que la demanda era más débil que hoy. La modernización del sector energético está en el aire, pendiente de operaciones de concentración con componentes políticos en los que Galicia no tiene nada que decir. Tampoco se observa ninguna voluntad de favorecer el viejo proyecto del grupo lácteo gallego.Aquí todavía creemos en la capacidad de las personas para dinamizar la política: un ministro decidido puede hacer un buen ministerio. Por eso el nombramiento del alcalde de Barcelona, Joan Clos, para suceder a Montilla como ministro de Industria resulta decepcionante. Sacrificar un departamento como ese para cumplir con la cuota catalana en el Gobierno central parece excesivo; en Galicia se precisan decisiones de política industrial procedentes del Estado. El horizonte se oscurece aún más si es cierto que, como señalan desde Cataluña, Clos va a Madrid a quitarse de en medio, para evitar al PSC en campaña el lastre de una imagen desgastada por la crisis del Carmel, el fracaso del Foro de las Culturas y las disensiones con sus socios por la ordenanza de civismo barcelonesa. Clos es médico anestesista. Tendremos que andar despiertos.

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