EXISTE un voluminoso informe, ya del año 1974, titulado así (The Costs of Sprawl) realizado para aconsejar a la Presidencia de EE.?UU. en cuestiones de vivienda y desarrollo urbano. En él se «comparan los costes de una elevada densidad con los de la dispersión, siendo los resultados desastrosos para esta última. La edificación densa ahorra un 35% de los costes». Uno de los ahorros de evitar la dispersión -ciudad difusa, llegamos a llamarle aquí- tiene que ver con el transporte. Hablemos pues de coches, combustibles y accidentes. Dejemos a un lado los costes de esa otra inseguridad que, en una oleada incendiaria como la de este agosto, supone edificar sin orden ni concierto en toda cuanta masa forestal se preste a ello. Las imágenes suelen ser de casas a medio terminar, con cierres inexistentes aún y con las silvas, los eucaliptos o los pinos haciéndoles sombra. Dejaremos también para otra ocasión los costes de las redes de saneamiento, alumbrado, agua, distribución de suministros (correo, gas, electricidad) que le aparecen por la puerta de atrás al erario público sobre el menor precio del terreno edificable en el medio rural. Es mucho dejar, pero, en fin, el espacio manda. Que en Galicia nadie ha frenado la dispersión -yo diría el enladrillamiento marbellí difuso- es un hecho que asoma la cabeza cuando reparamos en que tenemos un parque de automóviles por mil habitantes mayor que el del conjunto de España (471 frente a 442) y muy por encima de la media europea. Va a tener razón la conselleira Caride cuando para explicar los accidentes de tráfico por estas tierras dice: «La población está tremendamente dispersa y para comprar el pan, ir al colegio o al médico necesitan coche». Y va a tenerla porque lo que ella llama «nuestro modelo territorial» provoca que tengamos casi el 11% de las calzadas de doble sentido de España, y que en las de ancho inferior a los cinco metros, mientras en el conjunto de España hay 732 kilómetros por millón de habitantes, en Galicia tengamos 2.244 kilómetros. ¡Vaya, vaya con el modelo gallego! Los costes de la dispersión no van a ser sólo, en este capítulo, los de los combustibles, sino el mantenimiento de esa laberíntica red viaria, y los costes de sus inseguridades. No extraña así que Galicia acapare más del 10% de los heridos en carreteras convencionales de España y una cifra semejante de los fallecidos. Los expertos en tráfico le llaman la peculiaridad o singularidad gallega. Vamos a tener que estudiar a fondo el citado informe americano y, hecho esto, ocuparnos también de los costes de la congestión. No vaya a ser que, por el otro extremo, nos salga más de un promotor-constructor de torres de Toralla confundiendo el rábano con las hojas.