¿Queda alguien?

OPINIÓN

04 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL SENTIDO de la medida y de la proporción es muy importante, condición indispensable para la elegancia, el equilibrio, el sentido común o la justicia. Cuando falta, comparecen la desmesura, la brutalidad y, por supuesto, la injusticia. No voy a referirme, descuiden, a Oriente Medio, donde se está triturando un país clave, el único junto con Irak desde el que se podía construir y exportar otra mentalidad. No, no me refiero a eso. Me refiero a la enfermedad de Fidel Castro. Conozco a muchos cubanos de Miami y a unos cuantos de Cuba. Sé lo que han tenido que sufrir los primeros y lo que han padecido los segundos, algunos gustosamente. El gigantesco exilio cubano en Miami, cuya mera existencia lo dice casi todo sobre el régimen cubano, no ama a Fidel y lo comprendo perfectamente. Pero comprendiéndolo, me parece demencial que celebren su enfermedad o su agonía con música y fiesta por las calles. Esperen ustedes, primero, a ver si hay algo que celebrar: es decir, a ver si cambia el régimen. Y si cambia, celébrenlo cuanto quieran. Pero no parece humano, digno ni proporcionado -por inhumano, indigno y desproporcionado que haya sido él- desearle la muerte o festejar su gravedad. En determinadas cosas, si quieres ganar a tu enemigo, empieza por no parecerte a él. En esas estaba cuando leo en el blog de Pedro de Miguel que a Vargas Llosa, en una entrevista publicada anteayer y que me había saltado -como todas las que le hacen-, le dijeron: «¿Qué le preguntarías a Castro?» y que el escritor peruano respondió: «¿Fidel, cuándo te mueres?». Con razón termina de Miguel: «¿Cuando dejas de escribir, Vargas Llosa?» La brutalidad del escritor es menos disculpable que la de las masas en el exilio. Pero que ambas hayan sido aceptadas como normales me duele. Mucho. pacosanchez@lavoz.es