Amarelo Tour

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

15 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

TENÍAMOS el gallego en la luna, pero nos faltaba un dos nosos pintado de amarillo Tour de Francia. Ya está. Ayer un chaval de Mos lo consiguió. Óscar Pereiro tiene algo. Tiene labia. Es mediático y algo maniático. Capaz de lo mejor y lo peor. Cuando le señalaron, se hundió en las rampas de los Pirineos. Cuando nadie contaba con él para la General, se escapó a lo bestia y se puso el suéter de oro. Su mujer dice que es un sueño. Él, prudente, que será muy difícil mantenerse líder. Queda contrarreloj y Alpes. Pero cuidado con Pereiro que ya fue décimo al final de los dos últimos Tours, por detrás de grandes nombres que se cayeron este año. Cuidado con él, porque en el 2005 un día Hincapié le tomó el pelo en la línea de meta y otro día se convirtió en el primer gallego en ganar una etapa en Francia. Los pistones de sus piernas reman sobre el asfalto como los brazos de antílope de David Cal. Me gusta Óscar Pereiro, porque los gallegos tenemos fama por el mundo adelante de trabajadores, pero un poco parvos. Y me gusta esta imagen nueva que vende Pereiro. Trabajo, sí, pero con talento y morro. Un pedazo de ciclista que puede tener una mala tarde como cualquiera, pero al que le sobra desparpajo. Ya hacía falta el gallego con descaro que no pone la otra mejilla. Y con sentido común. Le preguntan si no siente miedo por el vértigo y les contesta que el tute fue estar seis horas pedaleando como un loco sobre el potro de la bicicleta en una escapada que ya forma parte de la Historia más mítica de la ronda gala. Los agoreiros que no le quiten mérito, por favor. Sólo nueve españoles se pusieron ese maillot. Que nos dejen disfrutar. La dedicatoria, hermosa: para su hijo Juan, de ocho meses y medio. Cuando crezca, sabrá que su padre fue el Rey Sol en Francia desde la etapa trece... cesar.casal@lavoz.es