En mi nombre, no

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

ERMUA fue gota de agua que colmó el vaso. Del miedo, silencio, casi resignación del pueblo llano, se pasó, tras el secuestro y asesinato del joven concejal, a la indignación colectiva y creciente que nace en un pueblo de la Euskadi profunda, preñado del sudor de españoles llegados con maletas de madera desde lugares pobres fruto del modelo económico que apostó por esa Euskadi de los derechos históricos. Miguel Ángel Blanco era hijo de ourensanos. Su madre, en gallego, me preguntó en las escaleras del Ayuntamiento de Bilbao, tras aquella fantástica manifestación de julio del 97, si yo compartía que ETA no se podía atrever a cumplir la amenaza. Estuve allí; luego en Ermua, para recibir el cuerpo del muchacho; en el funeral y entierro, en las calles de Vitoria al frente de mi gente de UA. Me denunciaron los batasunos «por promover disturbios callejeros», y no lo negué ante su señoría. Otros, por lo que fuera, no estaban. Algunos de los que hoy salen a las calles en mi nombre, como víctima viva del terrorismo, no los conozco. Nunca me han preguntado si estoy de acuerdo con lo que dicen y hacen. A muchos se les ha olvidado el papel que jugó UA en todo aquello, si bien hay abundantes testimonios que nos avalan. Siempre presumí de paisano. Siempre dije que la política era servicio al ciudadano, y los partidos, meros intermediarios entre sociedad e instituciones del poder. Me mantuve equidistante entre PP y PSOE, pero hice frente al nacionalismo radical. Tengo razones para decir que la gente, el paisano, el ciudadano no alineado, las personas que viven en Euskadi y son éticamente correctas, quieren el cese de la violencia, se agarran a la esperanza del alto el fuego como preludio de un proceso para poner fin a esa historia que culminó en Ermua con el grito de ¡basta ya! Intolerable que se agite el dolor de las víctimas para hacer política de acoso y derribo de un Gobierno al que discuten su legitimidad tras el 11-M. Intolerable el negocio que se montó a costa del terrorismo, con tangibles (seguridad) e intangibles (discursos para movilizar el voto). Intolerable la hipocresía de quienes venían a la foto conmigo tras mostrarme solidaridad por mi actitud, y después me han negado trabajo y refugio en mi tierra, por seguir siendo rebelde e independiente. Tengo derecho a la paz. Tengo derecho a que no me maten. Quiero que lo arreglen. Ganaremos la mayoría, a unos y otros.