UN ESCRITOR recopiló esta colección de despropósitos. Son partes reales de accidentados que demuestran que llevamos un fabulador dentro, muy oportuno ahora con el carné por puntos. «Volviendo al hogar, me metí en una casa que no era la mía y choqué contra un árbol que no tengo». «El otro coche colisionó con el mío sin previo aviso». «Choqué contra un camión estacionado que venía en dirección contraria». «El peatón chocó contra mi coche y se metió debajo». «El tío estaba por toda la calle y tuve que hacer varias maniobras bruscas antes de darle». «Tratando de matar una mosca me di con una farola». «Al llegar al cruce apareció un stop donde nunca había estado y no pude parar a tiempo de evitar el choque». «Para salvar la colisión con el de delante, atropellé al transeúnte». «Un coche invisible salió de la nada, me dio un golpe y desapareció». «El peatón no sabía en qué dirección correr, así que le pasé por encima». «El poste se acercaba y, al maniobrar para salirme de su camino, choqué de frente». Menudo morro le echamos cuando nos la pegamos. La culpa siempre es del otro, sobre todo si es una farola y no puede defenderse. A ver si los puntos sirven para frenar tanta muerte. cesar.casal@lavoz.es