PACO SÁNCHEZ
07 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA FAMILIA es el único lugar donde nos quieren y queremos por ser sólo lo que somos, madre, padre, hijo, hermano, abuelo, tía... con independencia de todo lo demás. Nadie tiene que hacer méritos para ser querido. Al contrario de lo que sucede en la vida social y profesional, en la familia no se prefiere al rico, al guapo o a la inteligente. Al revés, de ordinario, todos se vuelcan con el enfermo, el menos afortunado, el que necesita más del afecto de los otros, el díscolo. Ese cariño originario, independiente de todo don y de cualquier logro personal, se funda en un amor primero, también incondicionado y estable: los hijos son la encarnación de esa entrega alegre, completa y definitiva. De ella se nutren para crecer como mujeres y hombres. Si les faltara, tendrían que suplir con mucho esfuerzo lo más difícil de aprender: el amor desinteresado. Por supuesto, cada cual tiene su historia y ningún cuerpo sano está libre de patologías. La familia, tampoco. Sería tan estúpido fijarse sólo en ellas como no querer reconocerlas, que es lo mismo que impedir su curación. El Papa viene a recordar que ese amor que nace y se difunde en la familia es el que pacifica e integra el mundo. pacosanchez@lavoz.es