El tango

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

BORGES dijo del tango que era ráfaga, diablura. Ayer hace 71 años y un día que la sonrisa de Gardel se paró. Moría a los 45 años, junto a sus músicos y su letrista, en un choque de aviones sobre el cielo de Medellín. Aún son muchos los que van al cementerio de Chacarita para que el cigarrillo de su mano no deje de echar humo, en la esquina de las calles 33 y 12. El tango no es sólo el clavel de Gardel. Es un universo entero. Fue melodía de arrabal y triunfó en los salones de París. El Papa lo prohibió. Es una tontería decir que el tango es de perdedores. ¿Quién no pierde en la vida? Como dice una letra, «el más derecho se afloja si le tiran a doblar». ¿Por qué tango? No lo sabe nadie. Hay mil teorías. Porque los africanos no sabían decir tambor y decían tangó. El tango es mucho más que una voz bonita rasgada por guitarras o el combate de un baile. El tango sucede de noche, «todo a media luz, que es brujo el amor». El tango es hombre y mujer que se buscan y se encuentran, como «reptiles de lupanar». Es hacer el amor mientras se baila, o bailar mientras se hace el amor. El tango es la banda sonora de la Rayuela de Cortázar. Lo cante Calamaro o Susana Rinaldi, nadie lo cantará jamás como Gardel. cesar.casal@lavoz.es