EL ACUERDO de siete puntos que acaban de firmar Pérez Touriño y Anxo Quintana es la mejor noticia que cabía esperar en Galicia en el orden político e institucional. Y el hecho de que haya titulado este artículo con un reproche, en vez de hacerlo con una alabanza, se debe a que es un acuerdo que llega tarde, y a que, lejos de aportar grandes novedades, se limita a poner en común las bases estatutarias elaboradas por la Fundación Iniciativas 21 para el PSOE y por la Comisión para un novo Estatuto, del BNG. Los que habíamos trabajado en esas comisiones éramos conscientes de que ambos proyectos estaban abocados a fusionarse en esto que ahora se llama Criterios sobre el Estatuto de todos , y por eso es de lamentar el tiempo perdido en la consecución de un acuerdo que, en el marco de un Gobierno bipartito, era una pura obviedad. El hecho de que BNG y PSOE revoloteasen tan largamente sobre aquellas bases tuvo para Galicia tres consecuencias poco favorables. La primera, que retrasó los trabajos de elaboración del Estatuto más de lo necesario, y que obligó a establecer algunas metodologías poco eficientes que van a pesar negativamente en los trabajos de ponencia. La segunda, que la adopción inicial de un debate a tres creó una situación política ficticia, en la que el PP pudo moverse a placer y jugar a mayoría, sin adelantar su proyecto ni garantizar el acuerdo de mínimos que este país necesita. Y la tercera, que le dio alas a Núñez Feijoo para que, poniendo el debate al servicio de su partido, abogue por cargar a Galicia con un Estatuto de corte netamente popular, más preocupado por crear un paradigma de patria unida y limpieza constitucional, que por jugar de forma realista en el marco jurídico abierto por los estatutos ya aprobados y por las mayorías parlamentarias que dominan el Congreso de los Diputados. También hay que reconocer que los criterios acordados por el BNG y el PSOE no dejan resueltos los debates principales, y que su virtualidad se agota en el hecho de haber pasado de un debate a tres, que pronosticaba un galimatías estéril, a un debate a dos, que puede ganar coherencia y racionalidad, y sentar las bases para un acuerdo global. Mi optimismo sigue siendo descriptible en cuanto a la definición del carácter nacional de Galicia, al modelo de suficiencia tributaria escasamente definido y falto de garantías, al blindaje competencial que se impone sin ambages sobre el federalismo cooperativo, y a esa compensación del 8% de la inversión estatal que funciona como una compensación a corto plazo y como una entelequia a mediana distancia. Pero incluso eso mejoró mucho desde que hemos aceptado debatir a dos, y no a tres, las cosas que nos distancian.